Tus oraciones en susurro moldearán generaciones.
Uno de mis primeros recuerdos de infancia es escuchar a mi abuelo, Elmer Johnson, orar por mí. Por las noches, se arrodillaba junto a su cama, se quitaba los audífonos y oraba por su familia. Él no podía escucharse, ¡pero todos nosotros en casa sí podíamos!
Mi abuelo murió cuando yo tenía 6 años, pero sus oraciones no murieron. Cuando he recibido bendiciones que no merecía, el Espíritu Santo me ha susurrado: ¡Las oraciones de tu abuelo están siendo respondidas en tu vida ahora mismo!
En cierto sentido, el legado de mi abuelo Johnson es mi destino. No puedo contar mi historia sin contar la suya. El legado no es lo que nosotros logramos, sino lo que otros logran gracias a nosotros. La oración invita a los padres y abuelos a ayudar a moldear el destino de sus hijos y nietos.
A lo largo de las Escrituras, vemos cómo Dios puede usar la fe de una persona para transformar la vida de otros. El apóstol Pablo, por ejemplo, terminó su epístola a los romanos nombrando a 28 personas que influyeron en su vida: Febe, Priscila y Aquila… y luego está Rufo.
Saluden a Rufo, a quien el Señor eligió para hacerlo suyo… (Romanos 16:13a, NTV).
La mayoría de los eruditos creen que se trata del mismo Rufo mencionado en el Evangelio de Marcos. Su padre, Simón de Cirene, llevó la cruz de Cristo:
A uno que pasaba por allí de vuelta del campo, un tal Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, lo obligaron a llevar la cruz (Marcos 15:21, NVI).
Alejandro y Rufo pudieron haber sido testigos de lo que sucedió ese día. Si es así, es imposible que lo hayan olvidado. Quizá ver a su padre llevar la cruz y luego ver a Jesús colgado en ella dejó una huella permanente en sus almas.
Anímate hoy sabiendo que tus oraciones en susurro, tus actos silenciosos de fe y tu amor fiel por Dios no son en vano. No solo te ve Dios, sino que otros te observan de maneras que tal vez ni siquiera te das cuenta, maneras que darán fruto en generaciones futuras.
Dios piensa en las generaciones futuras. Lo vemos en la promesa de Jeremías 29:11:
«Porque yo conozco los planes que tengo para ustedes —afirma el SEÑOR—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza». Esta promesa fue dada a los israelitas mientras eran prisioneros de guerra en Babilonia. Jeremías les dijo a los israelitas que estarían en Babilonia durante 70 años (Jeremías 25:11) y los dijo ««Construyan casas y habítenlas; planten huertos y coman de su fruto» (Jeremías 29:5, NVI).
La esperanza de vida promedio en el siglo VI antes de Cristo era de 35 años. Por lo tanto, una visión de 20 años representaba dos generaciones. Dios les estaba diciendo a estos exiliados que actuaran pensando en la tercera generación. Porque eso es lo que hacen las super generaciones: hacen cosas hoy que marcarán la diferencia dentro de 70 años.
Eso es lo que estás haciendo hoy cuando vives y hablas con una visión a largo plazo en mente. Así como las oraciones de mi abuelo aún dan fruto en mi vida, tu fidelidad mostrará la bondad de Dios a las generaciones aún por nacer.
por MARK BATTERSON
