Fuera de lo superficial, puedes vivir renovada.
Reí mientras mis hijas adolescentes se marchaban en el auto temprano esa mañana. Estábamos de vacaciones de verano en nuestra playa favorita, y ellas estaban decididas a ver tantos amaneceres como pudieran. Me reí entre dientes al ver con qué entusiasmo respondían a sus despertadores, sabiendo que en pocas semanas les sería mucho más difícil despertarse para ir a la escuela.
Hay algo cautivador en ver el amanecer, ¿verdad? El sol se asoma por el horizonte y de repente irrumpe, transformando el cielo oscurecido en un lienzo de tonos impresionantes.
En un sentido mucho más amplio, la transformación de la oscuridad a la luz señala lo que Dios ha estado haciendo desde el principio de los tiempos. El relato de la creación en Génesis comienza con este acto milagroso: la tierra estaba sin forma y vacía, la oscuridad cubría la superficie y el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas. Entonces Dios habló: ««Que haya luz»; y hubo luz» (Génesis 1:3, NTV).
No sorprende que, al describir el milagro de un corazón transformado, el apóstol Pablo hiciera referencia a este mismo momento de la creación:
Pues Dios, quien dijo: «Que haya luz en la oscuridad», hizo que esta luz brille en nuestro corazón para que podamos conocer la gloria de Dios que se ve en el rostro de Jesucristo (2 Corintios 4:6).
Así como Dios habló y creó la luz física para disipar la oscuridad en el principio, también nos habla e ilumina nuestros corazones con la luz del evangelio, donde antes solo había oscuridad espiritual.
Esto es tan milagroso como aquel primer acto de la creación. Por gracia, Dios ilumina nuestros corazones, permitiéndonos ver Su gloria en Cristo. Tanto la creación como nuestra transformación espiritual revelan el poder, la gracia y el propósito soberano de Dios.
Después de pasar la mañana contemplando el amanecer, mis hijas dieron un paseo por la playa y se detuvieron en su cafetería favorita. Lo que no podían hacer en la oscuridad, ahora podían hacerlo con la luz.
De igual manera, antes de que la luz de Cristo brillara en nuestros corazones, no podíamos conocerlo. Pero ahora, así como el amanecer transforma el cielo en un brillante despliegue de color, Cristo ha transformado nuestros corazones, antes oscurecidos, para revelar Su verdad, gracia y amor a todos los que nos rodean.
¡Qué milagro en verdad! La próxima vez que presencies un amanecer, que te recuerde el milagro mayor… Cristo disipa la oscuridad y te transforma en una nueva creación.
Dejemos que Su luz siga brillando en nuestras vidas y a través de ellas, mientras reflejamos Su belleza impresionante. ¿Amén?
por CARA BLONDO
