Esperanza cuando nada tiene sentido.
¡El devocional de hoy forma parte de nuestra serie sobre la Semana Santa! Acompáñanos en este viaje para experimentar el poder del amor de Jesús, recordar Su sacrificio y caminar en la victoria de Su resurrección. Oramos para que esta serie prepare tu corazón para la alegría de la Pascua. Suscríbete ahora.
¿Alguna vez has pasado por una temporada en la que todo parece estar en pausa, pesado y sin resolver? Sabes que Dios es fiel, pero no puedes ver el siguiente paso y la espera se siente insoportable.
Estoy viviendo en ese espacio. En este momento, me encuentro entre el fallecimiento de mi padre a causa de la demencia y su funeral. Sostengo mi dolor en una mano mientras agarro la esperanza en la otra, ambas reales, ambas pesadas. Aún no sé cómo será mi vida sin él. Pero sí sé que Jesús ha prometido estar conmigo en todo momento.
Este es el mismo espacio al que entramos durante el Sábado Silencioso de la Semana Santa, el día después de la muerte de Jesús en la cruz, pero antes de Su resurrección.
Los seguidores de Jesús vieron cómo todo se caía a pedazos. Conocían Sus promesas, pero lo único que podían escuchar era el rodar de la piedra hasta quedar en su lugar:
Entonces José bajó el cuerpo, lo envolvió en una sábana de tela de lino que había comprado y lo puso en un sepulcro cavado en la roca. Luego hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro (Marcos 15:46).
En el Sábado Silencioso, seguramente esa piedra se sentía definitiva. Probablemente no se sentía sagrada. Debió sentirse solitaria.
Cuando me detengo e imagino ese día, pienso en su confusión, su duelo y su desorientación. La gente que amaba a Jesús probablemente preguntaba, «¿y ahora qué? ¿Cómo puede ser nuestro Salvador si está enterrado?» Y el silencio debió ser devastador.
Pero amiga, esta es la verdad silenciosa sobre el Sábado Silencioso… aún cuando parecía que nada estaba sucediendo, el cielo estaba trabajando. La Resurrección ya estaba en proceso. Ellos no lo sabían, pero Dios tenía un buen plan, solo que aún no lo habían experimentado.
Lo mismo ocurre contigo y conmigo. Dios tiene planes buenos para nosotras, y el cielo está trabajando a nuestro favor, aunque aún no podamos ver el resultado (Romanos 8:28).
Inclusive mientras comenzaba a escribir este devocional, recibí un mensaje de mi madre para decirme que salió a caminar con la enfermera del hospicio de papá, quién admitió no estar segura de creer en Jesús. Con ternura, mi madre le compartió cómo confiar en Él y por dónde comenzar en la Escritura. En medio de la pérdida, Dios está empezando a traer una nueva vida silenciosamente. Qué sorprendente destello de esperanza y gozo, aunque directamente conectado a nuestro dolor profundo.
Aún no sé qué vendrá después, y sé que no será fácil. Pero estoy muy agradecida de que no estaremos «tristes como los demás, que no tienen esperanza» (1 Tesalonicenses 4:13, PDT).
Amiga, incluso en lo desconocido, Dios está actuando. No necesitamos saber cómo se resolverá todo para saber que Él lo hará. Atrévete a confiar en Él en tus momentos de silencio.
por ASHLEY MORGAN JACKSON
