Encuentra tranquilidad en la inquietud.
Sentada en mi cama, alcancé mi celular, y la hora de 3 a.m. me miraba fijamente como si tuviera algo que decirme.
Mi pecho se sentía pesado, como si algo estuviera ahí, esperando que me fijara en él. Daba vueltas en la cama, ahuecaba la almohada y pateaba las sábanas. Pasó una hora.
Lo que estaba sintiendo no era ansiedad en todo su apogeo. Tampoco era paz; era inquietud.
Muchas veces la preocupación no tiene el peso del miedo o del pánico, pero aun así perturba tu paz. La inquietud se siente así; algo no está del todo bien, aunque no puedas identificar exactamente qué es. Aparece en pequeños momentos, cuando los planes no son certeros, el dinero es escaso o el tiempo parece escaparse.
En Mateo 6:25, Jesús dice. «»Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida y el cuerpo más que la ropa?».
A menudo me encuentro parafraseando este versículo de la siguiente manera: No te inquietes por tu vida…
Jesús habla a las mismas cargas que tiendo a llevar en silencio. Aquellas que rara vez salen a relucir en mis oraciones, pero que viven en mis pensamientos o pesan en mi pecho en las primeras horas de la mañana… las finanzas, mi cuerpo, mi lista de pendientes, el ritmo de vida. Jesús nombra estas preocupaciones y luego dice, fíjense.
Fíjense en las aves del cielo… (Mateo 6:26, NVI).
Observen cómo crecen los lirios del campo… (Mateo 6:28, NVI).
Mira cómo el Padre se preocupa por ellos.
Y recuerda cuanto más Él se preocupa por ti.
Jesús no nos dice que ignoremos la inquietud. Él nos invita a cambiar nuestra atención a lo que ya es verdaderamente cierto: Él nos ve. Él conoce nuestras necesidades. Él provee.
Estoy aprendiendo que la tranquilidad es el resultado de la confianza. Es lo que sucede cuando recuerdo la fidelidad de Dios, respiro profundo, me doy cuenta de que no estoy sola y veo el bien que ya está aquí. Se trata de estar anclada en Aquel que lo sostiene todo. La gratitud comienza a suavizar los bordes de la inquietud; y en esa gratitud, la tranquilidad comienza a surgir.
Algunos versículos más adelante, Jesús dice, «busquen primero Su reino y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas» (Mateo 6:33, NBLA). Esto no es una fórmula; es una postura. Una forma de vivir que comienza con confiar en Dios.
Tal vez últimamente has sentido una inquietud leve pero constante. Tal vez no has sabido cómo llamarlo, pero ahí está. Amiga, no estás sola. Dios lo ve, y Él te está invitando a que lo busques y te enfoques primeramente en Él. Ahí es donde comienza la tranquilidad.
por CHRYSTAL EVANS HURST
