Él es fiel, aun cuando nosotras no lo somos.
¿Alguna vez te has sentido tan abandonada, decepcionada o abrumada por una situación que has llegado a culpar a Dios?
Quizás clamaste por ayuda, preguntándote si cada oración solo rebotaba en una superficie celestial endurecida y caía en el abismo. Nada parecía funcionar, y entre más clamabas, más te enredabas en nudos. Lo único que anhelabas era un lugar suave donde aterrizar… brazos amorosos que traerían consuelo a la batalla que se libraba dentro de ti.
Puedo identificarme con esa situación. Por muchos años, atravesé una temporada oscura, un lugar solitario y desesperante. Por largo tiempo había estado orando y creyendo en un milagro para la vida de uno de los miembros de mi familia. Pero entre más oraba por un cambio, más parecía que las cosas se empeoraban.
En mi modo de supervivencia, me costaba confiar en Dios. Me volví ansiosa, exhausta, paralizada de miedo e incapaz de quitarme la sensación de pesar. Estaba por rendirme en mi punto más bajo.
Deslizándome al piso helado, dirigí mi puño hacia Dios y lo culpé a Él… Tú eres infiel. Pensé que Te harías cargo de mi familia. Siento que me fallaste y estoy enojada Contigo.
Mientras sollozaba, sintiéndome peor que nunca antes, sentí como si escuchara una voz suave y firme en mi corazón. Alex, no puedes decir que no soy fiel, porque aun no he terminado. La historia está incompleta.
Me di cuenta de que era el Espíritu Santo hablando la verdad a mi corazón y mi mente. Aunque mi situación no mejoró en ese momento, me sentí aliviada y ministrada por Su amor. También me di cuenta que había intentado hacer un trato con Dios, y al hacerlo, había creado una expectativa que sentía que Él no estaba cumpliendo.
Muchas de nosotras hacemos lo mismo. Le ponemos fechas límites a Dios y esperamos que Él obre de acuerdo a nuestras condiciones. Hacemos tratos que desde el principio Él nunca aceptó. Luego, cuando las cosas no funcionan como nos gustaría, culpamos a Dios. Pensamos que es infiel e injusto, pero eso no es verdad. No podemos reducir la naturaleza de Dios a nuestra experiencia humana. Deuteronomio 32:4 dice, «Él es la Roca, sus obras son perfectas, y todos sus caminos son justos. Dios es fiel; no practica la injusticia. Él es recto y justo».
Dios nunca está equivocado. Sus caminos no son los nuestros, y Sus pensamientos no son nuestros pensamientos (Isaías 55:8-9). Una situación puede ser mala, pero eso no significa que el carácter de Dios lo sea. Hay temporadas que atravesamos que no son buenas, pero el carácter de Dios siempre es bueno. Él no puede ser de otra forma. Su fidelidad está ligada a Su bondad, aun cuando las circunstancias de nuestra vida intentan decir lo contrario.
por ALEX SEELEY
