Cuando Dios nos guía a enfrentar lo que hemos estado evadiendo.
Algo dentro de mí gritaba por alivio. Podía ver este patrón en el que me sentía atrapada. Sentía la presión de mis circunstancias, me frustraba cada vez más y luego decidía que simplemente necesitaba hacer más.
Pero no estaba funcionando.
Dios nunca permitirá que trabajemos hasta el agotamiento para suplir nuestra necesidad de sanidad, y a veces sanar es desordenado. En lugar de dejarme dar otra vuelta más apoyándome en mi propio entendimiento y creando mis propias soluciones, Dios permitió que todo llegara a un punto que ya no podía ignorar. Fue como si le susurrara a mi alma cansada: a veces vas a tener que confiarme aquello que te pido que sueltes, incluso cuando duele y no tiene sentido.
Así que me toca soltarlo.
Tal vez tú también hayas pasado por lo mismo. Sientes a Dios señalando cosas que antes eras capaz de tolerar. Lo que antes se sentía sencillo ahora parece imposible. Sientes que Él te invita a mirar aquello que has intentado ignorar.
Él nos llama a estas temporadas no porque quiera castigarnos, sino porque ve los lugares en nuestros corazones que necesitan sanar.
Dios no solo prioriza lo que Él quiere hacer a través de nosotras sino que también quiere realizarlo en nosotras. Nos invita a un proceso de sanidad complicado, el lugar donde nos hartamos de nuestros propios patrones y nos damos cuenta de que somos el denominador común. Nos pide que cuestionemos nuestra manera de pensar y nos alineemos con Su Palabra por encima de nuestros sentimientos.
Dios comenzó a revelarme los miedos que me habían manejado silenciosamente por años … el miedo al rechazo, el miedo de no ser suficiente, el miedo de decepcionar gente, el miedo a no ser vista. Estas no eran nuevas heridas. Finalmente fueron lo suficientemente dolorosas como para que no pudiera fingir que no existían.
Amiga, Él es nuestro Buen Pastor.
El Salmo 23:1-3 nos dice, «El SEÑOR es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce; me infunde nuevas fuerzas. Me guía por sendas de justicia haciendo honor a su nombre».
Él nos hace descansar porque a veces no elegimos el descanso por nuestra cuenta. Nos guía a tranquilas aguas porque la vida se vuelve tan ruidosa que Su voz es desapercibida. Nos infunde nuevas fuerzas porque estamos agotadas. Y nos guía por sendas de justicia, siempre para nuestro bien, siempre para Su gloria.
Si estás atravesando una temporada donde todo parece complicado y sin claridad, quizá no estés fallando; más bien Dios te está formando. Amiga, puedes estar segura de que nunca te arrepentirás al decirle «sí» a Dios,.
por ASHLEY MORGAN JACKSON
