Así es como funcionan las semillas.
Un día, mientras caminaba por el sendero de oración en mi propiedad, noté una enredadera gruesa y torcida que nunca había visto antes. Me dio un poco de curiosidad.
Mientras rastreaba los giros y vueltas de sus ramas a través de la cerca, me sorprendió descubrir una calabaza enorme y completamente madura, justo allí en mi patio. ¡Sí, era una calabaza!
Tal vez eso no sea algo inusual para ti, pero yo no tengo un huerto en casa. Entonces recordé que meses atrás mis nietas habían estado tallando una calabaza allí. Lo que ahora podía ver, era el fruto evidente de semillas que seguramente habían caído al suelo.
Nunca vi las semillas, pero no hacía falta. El fruto que ahora veía era una prueba innegable de que las semillas habían estado allí. Así es como funcionan las semillas; el tipo de semilla que entra en la tierra es el mismo tipo de fruto que eventualmente sale de ella.
Lo mismo sucede con nuestros corazones y nuestras vidas.
Cuando pasamos tiempo constante con Jesús, la semilla de Su justicia crece en nuestro corazón y produce el fruto del que hablan los versículos clave de hoy… «amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio« (Gálatas 5:22-23).
El fruto del Espíritu es evidencia de la presencia del Espíritu de Dios en nosotras. No significa que seamos perfectas, pero sí, que cada vez más, en la manera en que tratamos a los demás, observaremos lo siguiente:
El amor reemplaza al egoísmo.
La alegría reemplaza los estallidos de enojo y la frustración tensa.
La paz reemplaza la necesidad de controlarlo todo.
La paciencia reemplaza el mal genio.
La gentileza reemplaza la rudeza.
La bondad reemplaza la ambición egoísta.
La fidelidad reemplaza el deseo constante de satisfacción personal.
La humildad reemplaza una actitud hostil.
El control propio reemplaza los impulsos desenfrenados.
El crecimiento toma tiempo. Sé paciente contigo misma y constante con Dios. Se trata de progreso, no de perfección. Esas semillas de calabaza estuvieron en la tierra casi 90 días antes de que yo pudiera ver su fruto.
Me encanta saber que Dios nos creó llenas de potencial y propósito. Podemos confiar en que Él nos creó para dar fruto. Buen fruto. Fruto que le da gloria a Él.
Separadas de Dios no podemos hacer nada (Juan 15:5). Así como esa calabaza no pudo haber crecido sin las semillas que las niñas dejaron caer, el fruto del Espíritu no puede crecer a menos que decidamos pasar tiempo hablando con Jesús y llenando nuestro corazón y nuestra mente con las buenas semillas de la Palabra de Dios.
Amado Señor, no solo quiero conocerte; quiero que el fruto de mi vida te refleje en todo lo que digo y hago. Ayúdame a mostrar Tu amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio a cada persona que encuentre. Gracias por amarme tal como soy, pero ayúdame a reconocer las áreas donde necesito crecer más. Enséñame a descansar en Tu tiempo y a confiar en que, mientras paso tiempo Contigo, seré transformada. Señor, oro para que cada día haya más de Ti fluyendo a través de mí, para que cuando otros me vean, puedan verte a Ti. Dame la fuerza para seguir acudiendo a Tu presencia, aun cuando sienta que no estoy avanzando. Confío en que Tú eres fiel para completar la buena obra que comenzaste en mí. En el Nombre de Jesús, Amén.
por LYSA TERKEURST
