Encontrar al Jesús que nos acompaña en nuestras luchas.
Ya sabía la respuesta incluso antes de orar al respecto. Lo sentía por dentro… No en este momento. Todavía no. Pero en lugar de rendirme ante la voluntad de Dios, intenté forzar las cosas un poco.
¿Acaso no ves el estrés que estoy sufriendo, Dios? ¿Podrías cambiar de opinión?
Pero no lo hizo.
En mi desilusión, no podía ver que bien que podría surgir de la situación de nuestra familia. Durante meses, habíamos estado lidiando con la presión financiera de intentar vender una casa en un mercado desfavorable. Dios había sido fiel al proveer para nuestras necesidades inmediatas, pero yo anhelaba liberarme de esta carga.
Cuando no obtuve la respuesta que deseaba, sentí como si Él estuviera distante y ajeno a mi situación. Pero la verdad es que Él conocía todas las emociones que yo sentía, porque Jesús también las ha experimentado.
Cuando pienso en Jesús, a veces me cuesta asimilar que es una persona y ha experimentado luchas y frustraciones humanas. ¿Quizás te cuesta a ti también? Al leer las Escrituras, a veces tendemos a centrarnos en Su divinidad en lugar de en Su humanidad. Si bien es importante verlo como alguien único y santo, porque es Dios, Jesús también es humano, y eso es lo que le permite empatizar con nosotras.
El autor de Hebreos nos recuerda que Jesús se enfrentó a las mismas tentaciones que nosotras.
Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado (Hebreos 4:15, énfasis añadido).
Cuando no reconocemos esta verdad sobre Jesús, Él parece distante y alejado de nuestras luchas, en lugar de estar presente en ellas. Quizás lo recordemos venciendo el pecado, pero olvidamos cómo, en Su momento más oscuro, sufrió profundamente en Su naturaleza humana y buscó una salida al sufrimiento. Cumplió la voluntad de Su Padre en la cruz, pero ¿reconocemos Su deseo humano de un plan diferente, menos doloroso?
Jesús oró, ««Padre, si es Tu voluntad, aparta de Mí esta copa; pero no se haga Mi voluntad, sino la Tuya»» (Lucas 22:42, NBLA). La entrega de Jesús al Padre no fue mecánica, sino intencional.
Cuando reconocemos que Jesús es a la vez humano y divino, sabiendo que puede comprender nuestras dificultades, podemos conectarnos con Él de modo más profundo.
Finalmente, le expresé a Jesús mi frustración, y no me sentí reprendida. Al contrario, me sentí reconfortada. Aunque la situación de mi familia no cambió, encontré la gracia que necesitaba para superarla.
Amiga, si te cuesta ver a Jesús en las dificultades que estás atravesando hoy, ¿puedo animarte a que seas sincera con Él al respecto? Él no se molesta por tus peticiones ni por tus necesidades, sino que está atento a cada una de ellas.
por ABBY MCDONALD
