¿Qué hacer frente al miedo?
Nada pone a prueba nuestra confianza como el miedo.
La preocupación por lo que el médico dirá cuando finalmente devuelva la llamada.
La conmoción y el dolor de ver a tu hijo tomar decisiones perjudiciales.
El deambular nocturno mientras intentas averiguar cómo vas a pagar esas facturas que siguen acumulándose cada vez más.
Todas nos enfrentaremos a circunstancias que despiertan sentimientos de duda y miedo. Lo que hacemos con esos sentimientos es lo que importa.
Afortunadamente, la vida de uno de mis reyes favoritos para estudiar, el rey Josafat, nos ofrece sabiduría sobre cómo hacer frente al miedo. Su historia se encuentra en partes poco conocidas de las Escrituras, pero lo que realmente me encanta es su determinación absoluta de confiar en el Señor.
Aunque hizo una alianza cuestionable cuando su hijo se casó con la hija del malvado Rey Acab, la Escritura nos enseña que, por lo general, Josafat fue un buen rey que caminó por los caminos del Rey David. En lugar de buscar dioses falsos, Josafat buscó al Señor; por eso, Dios estaba con él (2 Crónicas 17:4-6).
Por supuesto, esto no significa que Josafat nunca se haya enfrentado a situaciones que causan miedo.
En 2 Crónicas 20, encontramos tres países unidos, formando un ejército masivo, para atacar el país mucho más pequeño de Judá, gobernado por Josafat. Si alguna vez hubo un momento en que un rey pudiera terminar abatido, este habría sido. Pero Josafat no se derrumbó.
Me siento tanto inspirada como desafiada por cómo él eligió reaccionar ante sus circunstancias abrumadoras. «Atemorizado, Josafat decidió consultar al SEÑOR y proclamó un ayuno en todo Judá» (2 Crónicas 20:3).
¿Ves cómo el nombre del rey Josafat está marcado por dos realidades «atemorizado» y «decidió»? Tenía sentimientos de temor, los cuales eran una respuesta humana natural a su situación amenazante, pero también tenía una determinación sobrenatural de consultar al Señor. La decisión era un patrón predeterminado, edificado a través del tiempo, que surgía de manera natural a medida que los sentimientos de alarma aumentaban dentro de él.
Quiero esto para mi vida. Quiero que mi decisión de consultar al Señor sea mi primera respuesta, no mi último recurso. Pero, honestamente, creo que todavía necesito trabajar en esta área.
Cuando me sorprenden por circunstancias amenazantes del mundo, o soy herida por una declaración dolorosa, literalmente siento que mi cuerpo se ve invadido por una avalancha de emociones. Basado en conversaciones con mis amigas que tienen personalidades diferentes, parece que cada una de nosotras tiene un sentimiento que surge y quiere tomar control en situaciones riesgosas. Como la ira que quiere estallar en golpes, el miedo que quiere encogerse y desaparecer o la confusión que quiere dialogar y restaurar la paz rápidamente, por mencionar solo algunos.
Aunque buscar al Señor no siempre surge de manera natural como mi primera respuesta, es la única manera de infundir fuerza sobrenatural en mi determinación. Cuanto más recurro al Señor en las luchas diarias, más natural resulta regresar a Él en tiempos de problemas inesperados.
¿Significa esto que nunca lucharé con sentimientos de miedo? Claro que no. Pero estoy aprendiendo que, aunque a veces sintamos miedo, no tenemos que vivir con miedo. Podemos estar atemorizadas y decididas al mismo tiempo. Podemos dejar que nuestra declaración refleje las palabras de Josafat a Dios en 2 Crónicas 20:12, «¡No sabemos qué hacer! Pero en ti hemos puesto nuestra esperanza»» (NVI).
por LYSA TERKEURST
