Criando hijas en cada temporada.
Se me cortó la respiración al mirar por encima de su hombro, hacia el reflejo en el espejo. Con su velo entre los dedos, ajusté la cascada de encaje por su espalda. Nuestras miradas se encontraron, y mientras me maravillaba con la hermosa novia que tenía delante, vi a mi niña pequeña.
También vi a Jesús en su reflejo, y me quedé asombrada.
Mi corazón dio un vuelco al saber que esta había sido una despedida lenta y que el objetivo siempre había sido ver a Cristo en ella, sosteniéndola y acompañándola. Aunque siempre sería su madre, las cosas serían diferentes ahora.
La Biblia nos anima en situaciones como ésta. Isaías 43:18-19 dice: ««No recuerden las cosas anteriores Ni consideren las cosas del pasado. -»Yo hago algo nuevo, Ahora acontece; ¿No lo perciben? Aun en los desiertos haré camino Y ríos en los lugares desolados».
Quizás Dios esté haciendo algo nuevo en tu relación con tu hija. Tu rol está cambiando, pero nunca dejas de aprender a ser una mejor madre. Cada día estás entrenando para tu futura relación.
Quién eres
• Siempre serás su madre. Siempre serás su porrista. Has celebrado sus logros y has sido su mayor apoyo. Tu apoyo sigue siendo vital incluso desde las gradas; a veces es un apoyo silencioso, a menudo menos directamente involucrado pero siempre lleno de oración.
• Siempre serás su refugio. Siempre has sido su consejera y consultora, pero ahora estás aprendiendo a contenerte cuando quieres solucionar un problema. Espera hasta que ella te lo pida y comparte tu sabiduría con humildad.
• Siempre serás su guerra de oración. Si hay un momento para entregar a tu hija al Señor, es cuando se va de la casa. Tus oraciones son más poderosas que tu presencia.
Quién No Eres
• No controlas las decisiones de tu hija adulta ni eres responsable de sus errores. Tu rol no es controlar ni arreglar las cosas.
Las madres nunca olvidan cada pequeña foto instantánea que toman y guardan en sus corazones. Cuando llegue el momento de dejar ir a cada hija y aceptar cada nuevo rol, tendrás esos recuerdos para siempre. Nunca nos despedimos realmente de nuestras hijas. Llevamos nuestro amor por ellas con nosotras a una etapa nueva.
Las madres también tenemos un asiento en primera fila para ver la historia de amor más hermosa; nuestro Dios Creador nos ama muchísimo a nosotras y a nuestras hijas. No perdamos de vista la historia que Él está escribiendo. Ahora es el momento de alabar al Señor por todo lo que está haciendo y ha hecho en nuestras vidas.
por SEPTEMBER MCCARTHY
