Bendecir, no impresionar.
Si te sientes sola, no eres la única. Si tienes miedo de no encontrar relaciones con la profundidad y amplitud que anhelas, tampoco eres la única. La soledad está llamada a ser la nueva epidemia en Estados Unidos.
Nuestro deseo de conexión en realidad es bueno y viene de Dios. Dios nos creó para relacionarnos. Y por medio de Su Espíritu en nosotras, podemos ser fortalecidas para seguir a Cristo junto a nuestras hermanas en Cristo, para experimentar Su amorosa presencia y la compañía que tanto anhelamos.
Cuando pienso en los momentos en los que me he sentido más sola, resulta irónico que esos momentos no estén marcados por estar físicamente sola. Podemos estar rodeadas por personas (compañeros de trabajo, una comunidad de iglesia o familia) y aun así nos sentimos muy solas. Invisibles. Desconocidas. No amadas. Poco dignas.
Lo que me ayuda es proclamar la verdad a mi corazón, lo que normalmente se ve como adoración. Pongo música centrada en el evangelio y canto en voz alta aquello que mi corazón necesita recordar; Jesús me amó lo suficiente como para abrir un camino para que yo pudiera tener una relación profundamente personal y amorosa con Dios. Aunque pueda sentirme terriblemente sola, Su Espíritu vive dentro de mí. Soy así de valiosa para Él. Él me conoce así de bien. Incluso en mi desobediencia, decepción y desconfianza, Él permanece en mí y a mi favor. A Él le encanta amarme.
La manera de avanzar con valentía en busca de conexión con nuestras hermanas en Cristo es arraigando correctamente nuestra identidad en Cristo. Sí, es arriesgado, porque los seres humanos caídos cometemos errores en las relaciones. No podemos esperar unos de otros aquello que solo podemos recibir de Jesús, el Único que nunca nos fallará. Pero recordar el perdón que Jesús derrama tan generosamente sobre nosotras cuando le fallamos, nos faculta para perdonar a otros cuando nos fallen.
Los amigos de Jesús le fallaron, lo traicionaron y negaron conocerlo. Pero Él modeló cómo vivir libres de amargura y soledad por medio del perdón. Y los animó «al amor y a las buenas obras» para la gloria del Padre, tal como se nos instruye hacer en Hebreos 10:24-25,
Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca (NBLA).
Hace muchos años, una mentora impactó profundamente la manera en la que busco amistades valiosas. Ella me dijo, «Tu objetivo tiene que ser bendecir, no impresionar». Esto es esencial para vencer la soledad y cultivar amistades que den vida.
No tienes nada que comprobar cuando sabes a Quién perteneces, hasta dónde llegó Él para rescatarte y el perdón y el amor que Él derrama de manera tan abundante sobre ti. Eres libre para ser una mujer que bendice a otros con sus palabras y acciones.
por JEANNIE CUNNION
