Corriendo con caballos.
Pensaba que era fuerte, hasta que el peso de ser madre soltera me dejó sin aliento. Sentía el ajetreo diario como una carrera que nunca podría ganar, con las facturas acumulándose, la soledad agobiándome y los niños necesitando más de lo que yo podía darles.
Me sentía como Jeremías en el versículo clave de hoy. Apenas podía seguir el ritmo de las carreras de la vida, mucho menos imaginarme corriendo con caballos.
En Jeremías 12:1b, el profeta le hizo a Dios algunas preguntas que muchas de nosotras susurramos en la oscuridad: «¿Por qué prosperan los malvados? ¿Por qué viven tranquilos los traidores?» (NVI). En otras palabras: ¿Por qué pareciera que apenas sobrevivo, mientras que otras personas que ni siquiera te honran prosperan?».
Dios respondió, «Si corriste con los de a pie e hicieron que te cansaras, ¿cómo competirás con los caballos?» (Jeremías 12:5a).
Inicialmente eso puede sonar bastante duro, como si Dios estuviera restándole importancia al dolor de Jeremías. Pero Dios no estaba descartando a Jeremías; lo estaba preparando.
Es como si Dios estuviera diciendo, Este no es el final de tu historia. Si estás cansada aquí, en la «tierra tranquila», ¿cómo vas a soportar cuando el camino se vuelva más difícil y haya más en juego? Te estoy entrenando para más.
Lo que a Jeremías le parecía oposición era en realidad preparación. El cansancio de su carrera a pie estaba desarrollando la resistencia que necesitaría para las temporadas más difíciles que se avecinaban.
Pienso en mi propia vida desde esa perspectiva. La pérdida de mi trabajo que desmoronó mi seguridad. El rechazo que me hizo cuestionar mi valía. Las noches largas de crianza en solitario en las que el agotamiento era más fuerte que la esperanza. Cada una de esas carreras me dejó sin aliento, pero también se convirtieron en mi campo de entrenamiento. No fueron en vano. Estaban desarrollando mi memoria muscular espiritual para los momentos en que Dios me pediría que me adentrara en aguas más profundas y matorrales más densos; sí, incluso que corriera con caballos.
Amiga, tal vez hoy estés en tu propia carrera, cansada por el esfuerzo, confundida por la injusticia, preguntándote por qué otros parecen prosperar mientras tú apenas te mantienes a flote. ¿Puedo susurrarte estas palabras de aliento? Lo que estás enfrentando no es la meta final. Es el campo de entrenamiento. Dios ve tu agotamiento y no te avergüenza por ello. Te está fortaleciendo a través de ello.
Para aquellas que siguen a Dios con ahínco, la carrera se acelerará. El llamado se hará más fuerte. Y tú y yo descubriremos que las luchas difíciles que hemos enfrentado nos han preparado para correr con una perseverancia que no sabíamos posible.
por MELISSA FAIRCHILD
