Lo que nos perdemos cuando acudimos primero a los demás.
A medida que avanzaba lentamente al frente de la fila, ensayaba mentalmente mi pregunta, segura de que mi pastor sabría la respuesta. Pero cuando le pregunté, respondió de una manera que no esperaba… «No lo sé».
Durante meses, me preocupé por un ser querido que estaba tomando malas decisiones y causando mucho dolor a nuestra familia. Quería tener la certeza sobre la relación de esta persona con Dios. Pero, en lugar de llevar mis inquietudes a Dios mismo, seguía buscando respuestas en otras partes y terminaba yéndome con más preguntas.
Muchas de nosotras intentamos encontrar certeza en este mundo que se siente tan inestable. Las preguntas pueden quitarnos el sueño y provocarnos una ansiedad constante y leve.
¿Cuándo llegará a su fin esta enfermedad?
¿Dejará de huir de Dios este familiar mío?
¿Por qué sigo luchando contra este pecado?
A menudo, en lugar de acudir a Dios, acudimos primero a otros, como a «expertos» en internet, a nuestras amistades o incluso a pastores. Las Escrituras nos instruyen a buscar consejo sabio; sin embargo, también dejan claro que el «Consejero Admirable« es Dios mismo (Isaías 9:6, NVI).
Gracias a Dios, Él está listo y dispuesto a hablarnos cuando acudimos a Él. Cuando no lo hacemos, nos perdemos un hermoso regalo que Él ofrece a cada una de nosotras que lo reconocemos como nuestro Señor – la capacidad de escuchar Su voz.
Nuestro versículo clave nos recuerda que algunas cosas solo pueden sernos reveladas por el Creador. «Clama a mí y te responderé; te daré a conocer cosas grandes e inaccesibles que tú no sabes» (Jeremías 33:3).
El profeta Jeremías hizo muchas preguntas a Dios. Jeremías anhelaba la justicia y se preguntaba por qué parecían prosperar los malvados. Suplicó a un Israel desafiante y descarriado que regresara al Señor, aunque no le escucharon. Cuando parecía que las cosas no podían empeorar más, Jeremías fue secuestrado por rebeldes y llevado a Egipto. Allí, en medio de lo que parecía una situación desesperante, le llegó la palabra del Señor.
Dios le recordó a Jeremías que Él todavía tenía un plan para la redención de Israel. Cada pregunta que Jeremías formuló tenía una respuesta, aunque no fuera la que él esperaba.
También recibí una respuesta a mi pregunta. Durante las semanas siguientes a la conversación con mi pastor, llegué a respetar cada vez más su «no lo sé». Aquello me impulsó a acudir a Aquel que lo sabe todo y, a través de mi lucha con Dios, mi fe creció.
Amiga, buscar a Dios por nosotras mismas requiere valentía. Implica dejar a un lado nuestro deseo de respuestas inmediatas y ejercitar la paciencia. Pero cuando lo hacemos, cultivamos nuestra capacidad para escucharlo. Y siempre vale la pena.
por ABBY MCDONALD
