Persiguiendo ferozmente la bondad de Dios.
Cuando mi hijo de 3 años recibió un diagnóstico inesperado que cambió nuestras vidas, experimenté olas de dolor. Muchas de mis fuentes de ánimo, como la música de alabanza y adoración, dejaron de ayudarme; me sentía desconectada y ahogada casi todos los días.
En esa etapa, ciertas canciones parecían echar sal sobre la herida abierta. Las canciones sobre la bondad de Dios me hacían un nudo en la garganta mientras las lágrimas llenaban mis ojos.
¿Cómo puedo creer en la bondad de Dios si no veo evidencia de ella en mis momentos más oscuros?
He pasado mucho tiempo haciéndome esta pregunta, y también he compartido con amigas muy queridas que se preguntan lo mismo en sus propias vidas. Tal vez tú también te lo estás preguntando mientras enfrentas desafíos en tu matrimonio, la crianza de tus hijos, la salud o el trabajo. Aunque conoces todas las respuestas de la escuela dominical, es como si una coraza rodeara tu alma e impidiera que esa verdad realmente llegue a tu corazón.
En momentos así, me gusta recurrir a los Salmos en busca de consuelo y sabiduría. En particular, el último versículo del Salmo 23 nos da un recordatorio muy necesario.
Ciertamente tu bondad y tu amor inagotable me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del SEÑOR viviré por siempre (Salmo 23:6).
El rey David, quien escribió este salmo, vivió muchas etapas de dificultades en las que parecía que lo único que lo perseguía eran sus enemigos. Sin embargo, él dio un paso valiente de fe y eligió creer en la bondad de Dios y en Su amor inagotable que lo perseguía cada día de su vida, incluso cuando no podía verlo.
En el libro Cornerstone Biblical Commentary, Mark D. Futato señala que, de manera interesante, la palabra hebrea usada por David para la palabra «seguirán» en Salmo 23:6 es radap, un término que suele describir la persecución de un enemigo con intención de hacer daño. Sin embargo, al aplicarla a la bondad de Dios, vemos que Su Amor no es pasivo ni débil, sino es feroz, intencional e implacable. ¡Qué hermoso!
Así como nuestro enemigo, Satanás, busca perseguirnos en medio de las dificultades y pruebas, la bondad de nuestro Padre Celestial nos persigue con más intensidad. Hermana, ¡Él te persigue con un amor que no falla y que no tiene comparación!
En los días más difíciles, podemos seguir el ejemplo de David y aferrarnos a la verdad como un salvavidas. Podemos levantar nuestra voz en alabanza, sabiendo que, aunque las nubes oscuras oculten el sol por un tiempo, no pueden negar su presencia. Volveremos a ver su luz.
Han pasado casi diez años desde el diagnóstico de mi hijo, y ahora canto esas canciones de alabanza con lágrimas de gratitud. Al mirar hacia atrás, puedo ver evidencia de la bondad y el amor de Dios en la vida de mi hijo.
Lo mismo es cierto para ti, amiga; puedes elegir creer en Su bondad, aún en los días en que no puedas verla.
por MEREDITH HOUSTON CARR
