Tu temporada más difícil es tu mejor preparación.
Hay una etapa en mi vida que no le desearía a nadie, pero no cambiaría por nada del mundo.
La ruptura de mi matrimonio me dejó ahogándome en deudas, buscando trabajo desesperadamente, solo para poder mantener un techo sobre la cabeza de mi familia. Estaba viviendo una vida quebrada, con el corazón roto y completamente agotada.
Sinceramente, estaba enfadada con Dios. Había sido fiel y había intentado hacer todo correctamente, sin embargo todo parecía ir mal.
Clamé: ¿Por qué yo? ¿Por qué se rompió la relación? ¿Por qué la lucha y el dolor? ¿Por qué todas las demás siguen progresando en sus vidas mientras yo sigo estancada en la etapa más difícil de mi vida?
Lo que no sabía en aquel entonces era que Dios me estaba preparando. Me estaba enseñando sobre la fragilidad humana para que algún día pudiera hablar de restauración. Me estaba guiando a través de valles que jamás quise atravesar para que más tarde pudiera guiar a otras mujeres a través de los suyos. Estaba permitiendo circunstancias que no comprendía porque estaba preparando un ministerio que aún no había imaginado.
Años después, me di cuenta de que Dios tenía redención para cada dolor. Las dificultades matrimoniales se convirtieron en capítulos de un libro que Él me inspiró a escribir sobre la sanidad y el perdón. La crisis financiera se convirtió en un testimonio de la provisión de Dios. Las temporadas en las que me sentía abandonada se convirtieron en la base para enseñar a otros cómo encontrar a Dios en medio del desierto.
Dios no me estaba castigando durante esos años difíciles. Me estaba preparando.
Muchas personas en las Escrituras también pasaron por dificultades que Dios redimió… Noé, David, Saúl e incluso Jesús. El Salmo 105:19 también dice algo impactante sobre José. «Hasta que llegó el momento de cumplir sus sueños, el SEÑOR puso a prueba el carácter de José».
Fíjate en el orden. Primero vinieron los sueños, luego las pruebas y, por último, la realización. Dios le dio a José una visión de un futuro prometedor y después permitió que pasara años de prisión y sufrimiento antes de cumplir plenamente su propósito. ¡Y qué propósito tan maravilloso fue! José, en última instancia, salvó a su familia y a la nación de Egipto de la hambruna.
Si estás pasando por un momento difícil, quiero decirte lo que me hubiera gustado que alguien me dijera. Dios no está desperdiciando esta temporada. Cada lucha, cada decepción, cada momento en que sientes ganas de rendirte… Él está preparando todo para algo mucho más grande de lo que puedes ver ahora.
Tu historia aún no ha terminado. Y los capítulos que estás viviendo ahora podrían inspirar a alguien más en el futuro. A veces, el simple hecho de saber eso nos ayuda a sobrellevar los días más difíciles.
Así que no te apresures en la preparación. No desprecies el proceso. Confía en que Dios está haciendo algo en el «antes» que hará que el «después» sea más poderoso de lo que puedas imaginar.
por TRACIE MILES
