Cuando las sombras se juntan alrededor, la Palabra de Dios permanece.
¡El devocional de hoy forma parte de nuestra serie sobre la Semana Santa! Acompáñanos en este viaje para experimentar el poder del amor de Jesús, recordar Su sacrificio y caminar en la victoria de Su resurrección. Oramos para que esta serie prepare tu corazón para la alegría de la Pascua..
El 8 de abril de 2024, el sol se fue atenuando gradualmente mientras la luna se colocaba en su lugar, una visión imposible, como si la estrella más brillante de nuestro sistema solar fuera cubierta completamente en la oscuridad.
Los insectos dejaron de zumbar. Los pájaros guardaron silencio. El aire se volvió visiblemente más frío. Mi familia y nuestros vecinos nos reunimos en los patios delanteros, conteniendo la respiración mientras la luz del día desaparecía durante 229 segundos.
Luego la luna comenzó a moverse poco a poco. La luz se liberó. El sol volvió a brillar con fuerza, intacto, recordándonos que ninguna sombra podría apagar su poder. Niños y adultos aplaudían y vitoreaban, aliviados de que la luna no se hubiera quedado fija sobre el sol durante este eclipse total.
Resultó inquietante ver cómo el cielo se oscurecía, aunque fuera brevemente. Afortunadamente, las Escrituras nos dicen que tenemos algo aún más confiable que la estrella que calienta nuestro planeta:
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras jamás pasarán (Mateo 24:35).
Jesús pronunció estas palabras entre Su entrada triunfal en Jerusalén y Su arresto más adelante durante la Semana Santa. Pasó tiempo enseñando en el templo, confrontando a los líderes religiosos y replanteando la ley de Dios con Su manera de amar.
Los líderes religiosos observaban atentamente. Las tensiones iban en aumento. Y, aun así, Jesús hablaba con una autoridad serena, declarando que, aunque el propio universo se sacudiera, Sus palabras permanecerían.
Jesús es la Palabra que formó el mundo (Juan 1:1-3; Génesis 1:3), y todavía lo está remodelando con Su amor.
Para algunos, Sus palabras sonaban imposibles u ofensivas. ¿Dios, convirtiéndose en hombre? ¿La Luz entrando voluntariamente en la oscuridad? ¿El mismo Dios, muriendo para rescatar a los humanos que ama? Ridículo. Una idea que parecía tan irracional y amenazante como la idea de que el sol se apagara.
Así que conspiraron para silenciarlo.
Aun así, Jesús no se retiró. Siguió enseñando. Siguió diciendo la verdad. Siguió iluminando.
La Luz del mundo no parpadea cuando caen las sombras.
Como el sol durante un eclipse, el poder de Jesús no se debilitó por las sombras que se juntaban a Su alrededor. Aunque la oposición se acercaba, Sus palabras se mantenían firmes, inmutables y verdaderas.
El martes santo nos invita a sentarnos en esa tensión; confiar en la luz de Dios incluso cuando las sombras nos acosan. Creer en las palabras de Jesús aunque las circunstancias demuestren lo contrario.
Porque la Palabra que habló para que existiera la luz no puede ser desechada por la oscuridad.
Cuando la vida se siente inestable y nuestros días se oscurecen, Jesús nunca lo hace. Podemos aferrarnos a Él, seguras de que nunca cambiará, nunca nos dejará y nunca nos fallará.
Por muy estable que imaginemos que es el cosmos, la Palabra de Dios sigue siendo aún más confiable. Nada en el cielo ni en la tierra puede impedir que Jesús cumpla Sus propósitos o Sus promesas. El universo puede temblar, pero la Palabra de Dios no.
Incluso cuando el cielo y la tierra dejen de existir, Sus palabras permanecerán; y con ellas, la promesa de un mundo nuevo y glorioso lleno de Su luz que ninguna oscuridad jamás podrá vencer.
por ASHERITAH CIUCIU
