Cuando te quedas postrada en el polvo.
Estaba agobiada, atravesando el momento más difícil y desesperante de mi vida. Me costaba concentrarme sin que se me saltaran las lágrimas; mi mente divagaba, cada pensamiento me dejaba más intranquila. No podía imaginar el futuro y seguía obsesionada con los peores resultados posibles.
Tal vez te puedes identificar con esos sentimientos. Tu temporada de dolor puede verse diferente a la mía, pero la angustia a menudo es la misma.
Todo se derrumbó justo después de que mi esposo abandonó inesperadamente nuestra familia, dejándome desconcertada. Pensé que me amaba. Pensé que su distancia era debido al trabajo. Pero ahora, mientras estaba sentada sollozando en mi armario, todo era incierto. No podía hilar un solo pensamiento coherente. Mis hijos estaban confundidos y enojados. Dios se sentía distante, y yo no sabía cómo conectar con Él.
Hablar con amigas fue útil, pero me sentía a la defensiva con las preguntas que surgían. Y la mayoría del tiempo, no había nadie con quién hablar. La vida de todos estaba ocupada, especialmente cuando me sentía desanimada.
Cuando nadie estaba disponible para procesar las cosas conmigo, me conformaba con hablar con Dios por más reacia que estuviera. Deambulaba hacia la mesa donde me esperaban mi Biblia y mi diario. Raramente quería abrirla, pero sabía que, como la medicina, sería bueno para mí. Sinceramente, me sentía más como si estuviera usando hilo dental que si estuviera disfrutando de un festín; era algo que necesitaba hacer incluso aunque no tuviera ganas.
A veces leía y releía el mismo pasaje, y mi mente se desviaba hacia mis problemas en lugar de las palabras que tenía delante. Llevaba días leyendo el Salmo 119, y las palabras se me nublaban. No me identificaba con la alabanza continua del salmista a las Escrituras.
Después leí, «Postrada está mi alma en el polvo; Vivifícame conforme a Tu palabra» (Salmo 119:25).
Me identifiqué con esto. Así me sentía. Mi alma estaba abatida y necesitaba avivamiento. Así que oré ese versículo; realmente lo oré. Dios necesitaba renovarme porque yo no podía hacer nada por mí misma.
Mientras seguía leyendo, sentí una liviandad sorpresiva mientras las palabras de la Escritura venían a mi vida. Dios me estaba revitalizando al ver cómo mi perspectiva, mi esperanza y mi paz empezaban a cambiar. Las palabras que, días antes, me parecían apagadas, de repente cobraron vida.
Esa transformación ocurrió hace más de 15 años, y las Escrituras han seguido acompañándome cuando más las necesitaba. Comenzó con mi necesidad desesperada; apoyarme en la Palabra de Dios para cambiarme y esperar con ansias Su obra.
Si estás atravesando una dificultad en este momento, puede ser que lo último que querrás hacer es pasar tiempo con Dios y Su Palabra. Pero, amiga, eso mismo es lo que renovará tu alma, transformará tu perspectiva y te dará una esperanza que perdura. Dios está esperando a que lo conozcas en Su Palabra; ¿te encontrarás con Él el día de hoy?.
por VANEETHA RENDALL RISNER
