Un florecer inesperado
Junto al fregadero de la cocina tenemos una pequeña orquídea, bien acomodada en su maceta. Mi esposo no deja de señalar lo lento que ha progresado durante estas semanas de invierno. Lo que empezó como cinco capullos verdes bien cerrados se ha transformado lentamente, abriéndose en un conjunto bello de flores blancas con delicados centros rosados.
He sido testigo de este crecimiento mientras luchaba contra una ansiedad paralizante, luchando contra mi mente mientras me aferraba a la Verdad de la Palabra de Dios. Estos pétalos que florecen en el invierno crudo me recuerdan que, al igual que estos pequeños brotes, yo también estoy llegando a algo bueno.
En lo que respecta a la sanidad, a menudo es un proceso lento, incluso imperceptible. Sin embargo, podemos observar, esperar y darnos cuenta de los cambios pequeños.
En mi proceso de sanidad, he notado algunas cosas:
- La sanidad toma tiempo.
Eclesiastés 3:1-3 dice: «Todo tiene su momento oportuno; hay tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo: tiempo para nacer y tiempo para morir; tiempo para plantar y tiempo para cosechar; tiempo para matar y tiempo para sanar; tiempo para destruir y tiempo para construir…».
Al igual que la orquídea que florece, Dios suele realizar Su obra de forma gradual, día a día. Muchas veces, ni siquiera notamos los cambios hasta que observamos que algo es diferente: tenemos un poco más de energía, nuestros pensamientos parecen más claros o podemos realizar más trabajo productivo sin sentirnos abrumadas.
- La sanidad no es lineal.
Salmo 147:3 nos dice que Dios: «sana a los de corazón quebrantado y venda sus heridas» (NVI). Él traerá sanidad de una forma u otra, pero no siempre será una trayectoria de progreso constante. El declive y el ascenso, la duda y la fe, la preocupación y la sabiduría… la dualidad se entrelaza en la espera, en la vida misma. El progreso que has logrado no se borra el día que te sientas desanimada.
- La sanidad ocurre de maneras que quizás no esperamos.
Isaías 55:8-9 nos dice que nuestros caminos y los caminos de Dios no son los mismos. Mira hasta dónde te ha traído Dios, observa Su presencia y Su mano en tu vida, y apóyate en Él. La sanidad está ocurriendo, aunque la forma en que se manifieste pueda sorprenderte.
Sea cual sea tu camino, esta es la esencia: la sanidad nos señala al Sanador. En última instancia, aquí es donde nuestros corazones encuentran consuelo si lo buscamos en el sufrimiento y nos esforzamos por llegar a su raíz. Dios es nuestro ancla, nuestra luz, el recordatorio de qué o quién importa realmente.
No importa cómo se manifieste la sanidad, Dios está presente en medio de todo ello.
por SARAH FREYMUTH
