Tu «sí» podría cambiar todo.
¿Te ha agobiado alguna vez hablar de Jesús con tus amigos y familiares?
Te entiendo. Pero todas tenemos personas en nuestra vida que necesitan que dejemos a un lado nuestras dudas y hablemos de Jesús, tal como hizo el hombre en Lucas 8:39 después de ser sanado: «Así que el hombre se fue y proclamó por todo el pueblo lo mucho que Jesús había hecho por él».
Me vino a la memoria un recuerdo profundo de hace algunos años, cuando di un discurso en una cena que se celebraba en un centro de atención para el embarazo en Florida. Al final de la noche, la directora del centro pidió a un miembro de la junta directiva que concluyera el evento con una oración. Casi me caigo de la silla cuando vi que ese miembro era un chico que conocía en la secundaria.
Bueno, aclaremos algo. Yo sabía quién era él, pero él no tenía ni idea de quién era yo.
Él pertenecía al grupo de los populares, era una estrella del deporte y salía con chicas guapas. Yo, en cambio, era una de esas chicas que pasaba desapercibida en la secundaria. En aquella época me sentía invisible.
Ahora, años después, se disculpó por su comportamiento alocado en la secundaria y reconoció que bien podría haber sido votado como «el que menos probabilidades tenía de convertirse en pastor». En aquel entonces, yo tampoco iba por la vía rápida hacia el ministerio, pero Dios tenía un plan.
Después de charlar unos minutos, adoptó un semblante muy serio y me dijo algo que nunca olvidaré.
«¿Sabes qué es lo más extraño, Lysa? Durante todos esos años en la secundaria, yo era una persona muy popular. Tenía muchos amigos. Luego conseguí una beca para jugar al baloncesto en la universidad, y me llegó a conocer aún más gente. Pero nadie —ni un familiar, ni un compañero, ni una novia, ni un profesor, ni un entrenador… jamás me habló de Jesús. Finalmente, a los veintiún años, alguien se atrevió a contarme cómo había conocido a Jesús, y eso transformó mi vida por completo».
Sus palabras me dejaron impactada. Y espero que me sigan impactando por el resto de mi vida.
Nadie está fuera del alcance de la verdad. Ni la chica tímida e invisible que se mantiene en un segundo plano, ni el deportista que es admirado por miles.
Todos merecen oír hablar de Jesús, y cuanto antes, mejor.
Y nunca debemos asumir que otra persona lo hará — o que lo hará mejor que nosotras. Solo tenemos que decir «sí» a la llamada del Espíritu Santo para compartirlo con esa persona.
¿Quién en tu entorno necesita oír un poco de tu historia esta semana? No dejes que Satanás te susurre que este mensaje es para otras. No lo es. Si lo estás leyendo, es para ti.
Y no te preocupes por encontrar las palabras perfectas. Es tan simple y hermoso como la instrucción de Jesús: «…cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti» (Lucas 8:39).
Ni siquiera tienes que preocuparte por cómo crear el encuentro perfecto con esa persona que vino a tu mente. Solo dile a Jesús que estás dispuesta. Él es perfectamente capaz de encargarse de todos los detalles. Nuestro trabajo es obedecer. El trabajo de Dios son los resultados.
Y tú «sí» podría cambiar todo.
por LYSA TERKEURST
