Tú no puedes cambiarlo…. pero esto sí.
Hace seis años, tomé una decisión que cambió todo en mi matrimonio: decidí dejar de intentar cambiar a mi esposo.
Sinceramente, me sentía agotada de llevar un peso que nunca debí haber cargado. Yo deseaba con todas mis fuerzas ver un crecimiento espiritual y libertad en la vida de mi esposo, pero en algún momento del camino, mis preocupaciones empezaron a parecer como control.
A lo mejor a ti también te ha pasado. Amas profundamente a tu esposo, pero…
Quisieras que él creciera como líder.
Quisieras que él se involucrara más espiritualmente.
Quisieras que él experimentara libertad en sus batallas pecaminosas.
¡Esos deseos son buenos! Pero a veces nuestro enfoque produce más daño que bien. Dios comenzó a mostrarme que yo estaba tratando de hacer Su trabajo, y francamente, no me iba bien. Lo que realmente necesitaba hacer era dejar de intentar arreglar y controlar todo, y en cambio, rendirme a Su voluntad y orar.
Así que empecé a levantarme temprano cada mañana y oraba por mi esposo. Físicamente sentí que el peso del control se desvanecía de mis hombros. Poco a poco fui aprendiendo cómo rendirlo a Dios.
Algo más comenzó a suceder también. No solo vi a Dios darle victorias a mi esposo, sino que yo misma experimenté una. Dejé de intentar ser el Espíritu Santo de mi esposo y comencé a confiar en que el verdadero Espíritu Santo es Dios.
Amiga, cuanto más aprendemos a orar, más aprendemos a rendirnos, a confiar y a tener fe en la soberanía de Dios sobre nuestras circunstancias. «Esta es la confianza que tenemos delante de Él, que si pedimos cualquier cosa conforme a Su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hemos hecho» (1 Juan 5:14-15).
Es cuando no estamos orando cuando nos sentimos llenas de descontento e inseguridad sobre el futuro de nuestras vidas y las de nuestros seres amados. La oración forja en nosotras una confianza fuerte en Dios. Aprendemos a confiar en que Él nos está dando a nosotras y a nuestros seres queridos lo mejor en este momento. Podemos confiar en Sus planes y en Su tiempo.
Aunque todavía no veamos pruebas, Dios escucha, se preocupa y está actuando. Así que anímate y ora lo siguiente hoy:
Querido Dios, hoy decido entregarte a ___________. No estoy destinada a cargar con su peso, su estrés, su ansiedad ni sus problemas. No fui creada para ello y estoy agotada de intentarlo. Levanto mis manos físicamente hacia Ti ahora, reconociendo que solo Tú puedes traer un cambio y sanidad duradera. Renuncio a cualquier deseo de control para intentar arreglarlo a él y confío plenamente en Ti con respecto a su futuro. Tu amor por él es mayor de lo que jamás podría yo comprender, y hoy lo entrego completamente en Tus manos. En el Nombre de Jesús, Amén.
por AMANDA HAYHURST
