Sigue pidiendo.
Con una mudanza reciente, supuse que la búsqueda de una nueva iglesia para mi familia sería fácil. Sabíamos los beneficios y las bendiciones de pertenecer a una iglesia. También sabíamos la angustia del conflicto y la calumnia.
Queriendo evitar el dolor del pasado y sumergirme rápidamente en una iglesia sana, llegué con entusiasmo, lista para unirme y servir.
Cada domingo tenía un optimismo renovado: este sería el lugar donde finalmente nos estableceríamos, sanaríamos y recuperaríamos la esperanza. Pero no nos establecíamos. Aún no habíamos sanado y la esperanza se desvanecía.
Mis oraciones constantes pidiendo ayuda y guía a Dios para superar el dolor de nuestra iglesia parecían no tener respuesta. ¿Acaso Dios no quería que nos estableciéramos y sirviéramos ya?
¿Alguna vez te has sentido perdida en el desierto del dolor causado por alguna iglesia y la sanidad de ello? ¿Intentas encontrar tu nuevo hogar? ¿Te preguntas cómo reconectar después de la desconexión?
Amiga, conozco bien ese recorrido. Caminando con una herida aún no sanada completamente, extraviada y esperando, deseando claridad y pertenencia ahora mismo.
El versículo clave de hoy nos anima: »Sigue pidiendo y recibirás lo que pides; sigue buscando y encontrarás; sigue llamando, y la puerta se te abrirá» (Mateo 7:7).
Jesús predicó esto a una multitud mientras les enseñaba sobre la oración, instándolos a nunca dejar de pedir lo que necesitaban. La oración no es un deseo único que arrojas con una moneda a una fuente. Es una comunicación íntima y continua con Dios donde llegamos a conocer Su corazón y Él transforma el nuestro.
Él nos promete que cuando oramos con perseverancia, Él nos provee el camino. A menudo es inesperado, porque es Suyo y no nuestro. Pero a través de la oración constante, Él reconecta nuestros corazones desconectados con el Suyo.
Esperar puede parecer lo peor, especialmente en nuestro mundo de respuestas instantáneas. Pero ¿y si Dios tiene algo más para nosotras en la espera?
Nuestra espera lleva a cabo la voluntad de Dios en nosotras, sanando nuestros corazones, desarrollando denuedo y bendiciones a medida que Él fortalece nuestra esperanza y fe para revelar Su gloria y bondad. Esperar produce una fe más firme, más gozo y paz, un carácter más cristiano, más amor. Nos revela más a Dios Mismo.
Mientras espero con Jesús, mis heridas sanan y me vuelvo más empática con otros que van por un camino similar. Muchas hemos sido lastimadas en la iglesia o conocemos a alguien que lo ha vivido. Quizás nos cueste seguir asistiendo, o tal vez hayamos dejado de ir por completo. Jesús sabe cómo se siente el ser rechazado y lastimado profundamente. Él nos ve en nuestro dolor y anhela sanarnos y reunirnos con Su pueblo.
Nuestra labor es animarnos unas a otras para no cansarnos ni desanimarnos mientras esperamos la sanidad (Hebreos 12:1-3). Sigamos orando y sigamos siendo transformadas.
por JODI HARRIS
