Redescubriendo al verdadero Jesús.
«Papá, ¿puedo ponerle otro corazón?» Estábamos en Build-A-Bear, una tienda de peluches personalizados, y mi hija de 6 años estaba con los ojos abiertos de par en par en la estación de relleno.
«¡Claro que sí! ¡Cuanto más amor, mejor!»
Metió con cuidado el segundo corazón dentro de su oso. Luego, la encargada la ayudó a rellenar su creación.
«¿Cómo quieres que se sienta tu oso? ¿Superblandito o bien firme?», preguntó la encargada.
«¡Blandito!», exclamó mi hija. «Quiero poder abrazarlo muy fuerte».
La encargada continuó, «Y, ¿qué tipo de voz quieres? Tenemos gruñidos o rugidos, o puedes grabar tu propio mensaje».
Mi hija decidió grabarse diciendo, «¡Te quiero mucho, osito!». Luego eligió la ropa de su oso: un tutú colorido y una tiara brillante.
Me llamó la atención que el osito que construyó fuese exactamente como ella lo quería… pero no tenía nada que ver con un oso de verdad.
Esto no es solo un fenómeno infantil de ositos de peluche; es el aire que respiramos. Vivimos en una cultura obsesionada con la personalización. Desde listas de reproducción seleccionadas hasta burritos personalizados, instintivamente asumimos que el mundo debe ajustarse a nuestras especificaciones.
La personalización puede ser útil. Todos somos únicos. Pero también puede tener un lado oscuro, especialmente cuando se trata de la verdad espiritual. En algún punto entre la elección de protectores para el teléfono y la personalización de las placas del auto, a menudo nos encontramos, sin querer, adoptando una actitud de «construir un Jesús» en nuestra fe.
Decidimos cuán «blando» debería ser nuestro Jesús… lo suficientemente firme como para sostenernos, pero sin desafiar nuestro estilo de vida cómodo.
Elegimos la voz que queremos que tenga… tal vez diga «te amo» o «estás perdonado», pero ciertamente no «toma tu cruz» ni «vende tus posesiones».
Lo vestimos con accesorios que se ajustan a nuestras preferencias, tal vez un prendedor político o un libro de autoayuda que promete prosperidad.
Este Jesús personalizado se convierte en un peluche espiritual en lugar de un Rey Mesías. Pero el Jesús de la Biblia no invita a la gente a creer lo que quiera de Él. Consideremos cómo describe el discipulado. «—Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga» (Lucas 9:23b).
Jesús está reclutando para una revolución. Ėl no está ofreciendo una experiencia religiosa cómoda ni quiere ser solo un aditivo a nuestros estilos de vida ya establecidos. Es un Rey que exige lealtad total.
Para muchos de nosotros, el peligro no es que rechacemos a Jesús por completo, sino que aceptemos una versión de Él que no nos desafíe, transforme ni llame a Su movimiento revolucionario. Mantendremos nuestro «construye un Jesús» que es reconfortante y cómodo, mientras el verdadero Jesús está a la puerta llamando, esperando guiarnos hacia algo mucho más grande que el consumismo religioso. Él no es un oso de peluche espiritual; es un león rugiente con una misión (Apocalipsis 5:5).
por KYLE IDLEMAN
