Permanecer como estamos.
Permanecer donde estoy no es algo que se destaca en mí.
¿Y por qué habría de hacerlo? El mundo insiste en que no debo contentarme. Me dice que siempre debo esforzarme para tener más y más. «Permanecer» es considerado poco más que «rendirse».
Sin embargo, mi desafío para permanecer donde estoy no es solo un deseo mundano; también lo siento como cristiana. Si la vida en Cristo se trata de crecer y madurar, entonces ¿de qué sirve permanecer donde estoy? Ciertamente no debería conformarme con el estado actual de las cosas, ¿verdad?
Los cristianos de la ciudad antigua de Corinto luchaban con preguntas similares. Muchos de ellos habían sido paganos, pero el evangelio transformó completamente sus vidas. Ahora se encontraban llenos de ansiedad, preguntándose si debían hacer algo diferente, cambiar algo o mejorar sus situaciones cotidianas para vivir verdaderamente para Jesús.
Una de las cosas que tenían en mente era su estado relacional. ¿Qué significaba su nueva confianza hallada en Jesucristo en cuanto a su soltería, matrimonio, divorcio o viudez? Independientemente del estado en el que se encontraban, todos estaban cuestionándose si el evangelio requería que ellos se desplazaran hacia algo diferente, algo más, a fin de realmente vivir para Él.
La respuesta del apóstol Pablo debería ser un bálsamo para nuestros corazones y mentes inquietos, tanto hoy como lo fue para nuestros antecesores. Al animarlos a: «que cada uno permanezca en la condición en que estaba cuando Dios lo llamó» (1 Corintios 7:20), les recordó que el mismo Dios que los llamó poderosamente hacia Sí mismo cuando estaban solteros, casados, divorciados o viudos, podía seguir obrando poderosamente para su bien en esa misma situación.
A pesar de que no estaba mal que ellos cambiaran su estado, tampoco era siempre necesario. Pablo sabía que, a veces, lo que necesita cambiar no es nuestro estado, sino nosotros mismos.* Él también sabía que el Único suficientemente poderoso para producir ese tipo de cambio interno y transformador es el Espíritu mismo de Dios.
Esta noticia es tan buena para la cristiana soltera que desea estar casada. O para la cristiana casada que está luchando en la relación con su esposo. O para la cristiana divorciada o viuda que está atravesando el duelo del fin de su matrimonio. Sin duda, la tristeza y el dolor de cada una de esas situaciones no dejan de ser reales. Sin embargo, debido a que sabemos que Dios nos ha prometido obrar dentro y a través de cualquier situación de vida en la que nos encontremos, podemos tener confianza en que Él lo hará.
Cuando el mundo insiste en que no deberíamos conformarnos donde estamos, la Palabra de Dios nos recuerda que no estamos conformándonos.
Estamos permaneciendo. Tal como Él nos ha llamado a hacerlo.
por DANIELLE TREWEEK
