No te enfríes’
«¿Sientes calor o frío?»
Me encontraba en una sesión de consejería de emergencia con mi terapeuta de confianza, de mucho tiempo. Después de un suceso profundamente doloroso en mi familia, aparecí llorando y desmoronándome.
Pero ella seguía controlando mi temperatura corporal.
Ella me explicó que cuando alguien está en trauma o shock, el cuerpo a menudo se siente frío. Es una señal de disociación – el sistema nervioso se congela para proteger el cuerpo de uno mismo. Ella no quería terminar nuestra sesión hasta que sintiera calor de nuevo.
Inmediatamente recordé dos eventos dolorosos del año pasado: uno en el que estaba emocionalmente congelada, fría y desconectada; el otro en el que mi rostro se sonrojó de lágrimas y mi pecho ardió de dolor. No me sentí avergonzada por ninguna de las reacciones. Pero el segundo, donde me mantuve conectada con el dolor y con Dios, fue donde realmente comenzó la sanidad.
Esto me hizo maravillarme de Dios. Él ha diseñado nuestros cuerpos para soportar lo inimaginable, pero también nos da pistas que nos indican cuándo es el momento de tocar base con nosotras mismas.
Es posible que ya hayas hecho algo que recalienta el día de hoy. Quizás el simple hecho de leer este devocional, buscando la esperanza, sea lo más valiente que hayas hecho en mucho tiempo, especialmente si tu dolor te ha dejado paralizada.
David, un hombre conforme al corazón de Dios, describió en las Escrituras lo que sucede cuando nos mantenemos fríos, ocultamos nuestro dolor o pecado y nos desconectamos de Dios: «… mi cuerpo se consumió … mi fuerza se evaporó como agua al calor del verano» (Salmo 32:3b, 4b).
Pero luego algo cambió en el siguiente versículo. Cuando David confesó, volvió a calentarse física, espiritual y emocionalmente. Encontró el perdón y fuerzas renovadas:
Finalmente te confesé todos mis pecados y ya no intenté ocultar mi culpa. Me dije: «Le confesaré mis rebeliones al SEÑOR», ¡y tú me perdonaste! Toda mi culpa desapareció (Salmo 32:5, NTV).
David no fingió que no necesitaba a Dios. No veía el dolor ni la culpa como amenazas a su fe, sino como invitaciones a una conexión más profunda con su Padre.
Es probable que David escribiera este salmo después de confesar su pecado con Betsabé. Primero habría escrito el Salmo 51, un hermoso lamento y clamor por misericordia. Pero el Salmo 32 viene después del arrepentimiento, un reflejo de la calidez que siguió a la sinceridad y la rendición.
Tal vez no estemos ocultando grandes fracasos morales, pero estamos cansadas de circunstancias fuera de nuestro control: angustia, agotamiento, traición, decepción. Incluso en esos espacios, las palabras de David nos ofrecen aliento y advertencia. La sanidad no puede ocurrir mientras estamos emocionalmente congeladas.
No hay vergüenza si te has quedado insensible para sobrevivir. Pero hay otra forma que comienza con volverse hacia Dios y decir la verdad sobre cómo llegaste aquí … y cómo se siente estar aquí ahora.
No podemos preguntar: «¿qué sigue?» hasta que sepamos la respuesta a: «¿qué está sucediendo en mí en este momento?»
Requerirá valentía y confianza. Pero con el tiempo, agradecerás haber elegido mantenerte caliente en lugar de dejar que tu corazón se enfríe.
por JESS CONNOLLY
