Encontrando esperanza con los pastores: una historia navideña de promesas.
La Navidad es el momento perfecto para hacer una pausa y pensar realmente en los pastores en la historia de la Natividad. Quiero decir, ¿alguna vez te has preguntado por qué Dios los eligió para ser los primeros en enterarse del nacimiento de Jesús? No eran líderes religiosos ni políticos poderosos. Eran hombres que trabajaban en el campo haciendo lo que muchos consideraban un trabajo humilde.
Pero esto es lo que realmente me sorprende: no eran simples pastores. Según la tradición judía, los pastores cercanos a Belén criaban corderos específicamente para los sacrificios del templo de Jerusalén. Eran pastores levitas, hombres procedentes de familias sacerdotales cuya tarea consistía en garantizar que los corderos de la Pascua permanecieran perfectos y sin mancha para el culto en la casa de Dios.
Cuando los ángeles se les aparecieron aquella noche, anunciándoles el nacimiento de un Salvador «envuelto en tiras de tela, acostado en un pesebre» (Lucas 2:12), estos pastores habrían comprendido inmediatamente algo que a menudo pasamos por alto. Sabían exactamente qué buscar porque esta escena les resultaba familiar.
Verás, cuando nacían los corderos en esos campos, los pastores los envolvían en tiras de tela para protegerlos de los cortes que podían sufrir en el suelo rocoso de las cuevas. Los colocaban en pesebres para mantenerlos a salvo. Las vendas no solo servían para abrigarlos, sino también para prevenir cualquier imperfección que pudiera descalificar a los corderos como sacrificios aceptables.
Así que cuando estos pastores encontraron al niño Jesús envuelto en telas similares y acostado en un pesebre, habrían reconocido el simbolismo profundo. Ahí estaba el Cordero de Dios, nacido de la misma manera que los corderos que cuidaban para el sacrificio. No era casualidad; se trataba de Dios revelando la historia exactamente como Él la había planeado.
Y hay aún más esperanza entretejida: es probable que la tela con la que se envolvió a Jesús procediera de antiguas vestiduras sacerdotales, la misma tela que se utilizaba para fabricar las mechas de la menorá del templo. Jesús no solo fue identificado como el Cordero de Dios, sino también como la Luz del Mundo desde Sus primeros momentos en la tierra.
Me conforta saber que Dios eligió a personas comunes y corrientes que realizaban sus tareas cotidianas para ser los primeros testigos de Su mayor regalo. Estos pastores no eran perfectos, y nosotros tampoco lo somos. Pero Dios los consideró dignos de recibir y compartir las Buenas Nuevas.
La esperanza que encontramos en la historia de los pastores es la siguiente: Dios nos encuentra justo donde estamos, en nuestros momentos cotidianos, con Su amor extraordinario. Así como eligió a los pastores que cuidaban sus rebaños, nos elige a nosotros en cualquier campo en el que nos encontremos trabajando. Él tiene un pacto de amistad con nosotros, sellado por el sacrificio de Su Hijo, el Cordero que se convirtió en nuestro gran Sumo Sacerdote.
