El poder de llevar los pensamientos cautivos.
Cuando las emociones intensas intentan apoderarse de mí y guiar mis decisiones, puedo encontrarme actuando por impulso. Mi enfoque cambia de honrar a Dios a simplemente intentar satisfacer mis propias necesidades inmediatas, creando caos en lugar de la paz que busco en realidad.
Cuando Pablo escribió sobre cautivar nuestros pensamientos, no estaba simplemente ofreciendo un consejo sobre el pensamiento positivo. Estaba hablando de la guerra espiritual, el campo de batalla siendo nuestras mentes. Pablo utilizó lenguaje militar para enseñarnos que estamos en combate activo contra las mentiras que desean controlarnos:
Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas. Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que obedezca a Cristo. (2 Corintios 10:4-5, NVI).
Pablo nos da una clara estrategia de tres pasos para abordar pensamientos dañinos:
1. Derribar.
El primer paso es reconocer pensamientos deshonestos y optar por eliminar su poder. Los desmantelamos y demolemos llamándolos por lo que son: pensamientos que no se alinean con la Verdad de Dios.
Cuando estoy sufriendo, mis pensamientos a menudo susurran: nunca mejorará. Esa mentira ha reclamado una porción considerable en mi mente. Pero puedo desmantelarla pronunciando en voz alta Romanos 8:28: «Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.» (NVI).
Hay poder en hablar la Verdad de Dios, incluso cuando nuestro corazón aún no está completamente convencido. El poder no está en exigir que Dios solucione todo de inmediato; está en declarar Sus palabras sobre nuestra situación.
2. Capturar.
Derribar la mentira no es suficiente. En la guerra Romana, después de conquistar una fortaleza, llevaban a los prisioneros a un lugar seguro para evitar más problemas.
Toma ese pensamiento mentiroso (nunca va a mejorar…) y visualízate mentalmente poniéndolo tras las rejas, cerrando la puerta, girando la cerradura y marchándote. Siente la victoria de saber que estás del lado libre de esa puerta cerrada. Esto no es sólo visualización positiva; es negarse a dejar que los pensamientos destructivos vaguen libremente en tu mente.
3. Conformarse.
La victoria llega cuando estamos tan empapados en la Verdad de Dios que nuestros pensamientos se alinean naturalmente con los Suyos. Cuanto más seguimos y obedecemos a Jesús, más nuestra manera de pensar se ajusta a la mente de Cristo.
Un paso práctico aquí es memorizar un versículo de la Biblia que contrarresta la mentira específica con la que estás luchando. Así, cuando esa mentira familiar intente resurgir, tendrás la Verdad lista para usar de inmediato.
Cuanto más practicamos este proceso en tres pasos, más natural se vuelve. En lugar de dejar que las mentiras vivan sin pagar alquiler en nuestras cabezas, llevándonos a tener pensamientos descontrolados que nos convierten en prisioneros de la decepción, nos volvemos expertos en identificarlas y derrotarlas rápidamente.
Recuerda: no estás luchando sola. Y la verdad de Dios es más poderosa que cualquier mentira que el enemigo intente poner en tu mente. El campo de batalla es tu mente, pero la victoria ya fue ganada a través de Cristo. Ahora es tiempo de vivir esa victoria en tus pensamientos diarios.
por DR. JOEL MUDDAMALLE
