Cultiva el fruto del Espíritu Santo.
¿Qué pasa cuando se descuida un jardín? La maleza ahoga las flores, las espinas invaden los senderos y lo que antes era hermoso se convierte en un desastre.
Ahora imagina entrar en un jardín bien cuidado: colores vibrantes, fragancias dulces y vida floreciendo por doquier. La diferencia no radica solo en el potencial de la tierra, sino en el cuidado del jardinero.
El apóstol Pablo usó imágenes agrícolas en Gálatas 5 para recordarnos que la vida cristiana, en cierto sentido, es como un jardín. Tenemos dos influencias potenciales que compiten por el control de nuestros corazones: la carne pecaminosa y el Espíritu Santo. Cada una produce frutos radicalmente diferentes.
El filósofo y escritor James K. Smith, basándose en San Agustín, utiliza esta ilustración: piensa en tu corazón como una «bomba de amor». Cuando la carne está al mando, esa bomba trabaja constantemente para atraer amor, atención y validación hacia sí misma. ¿El resultado? Una mentalidad de escasez que produce celos, conflictos, ambición egoísta y envidia, lo que Pablo llamó «el deseo de la carne» (Gálatas 5:16, NBLA).
Pero cuando seguimos la guía del Espíritu, algo hermoso sucede. Esa misma bomba de amor comienza a funcionar de manera diferente: nuestros corazones se nutren del amor infinito de Dios y lo difunden hacia los demás. El resultado es este: «…el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley» (Gálatas 5:22-23).
Un detalle interesante es que «fruto» (en griego, karpos) es aquí un sustantivo singular. No se trata de nueve frutos separados que debemos esforzarnos por producir independientemente. Es singular porque está ordenado y producido por un solo Espíritu de paz. Un solo fruto con nueve expresiones, todas impulsadas y enmarcadas por el amor.
El amor se menciona primero en Gálatas 5:22 porque es la fuente de la que fluyen todas las demás virtudes espirituales. El amor es la mayor virtud, según 1 Corintios 13:1, por la cual vivimos y ponemos en práctica los dones del Espíritu.
Gálatas 5:16-25 nos da los pasos prácticos: «anden por el Espíritu … guiados por el Espíritu … vivimos por el Espíritu …andemos también por el Espíritu» (NBLA). Todos caminamos hacia algo y somos guiados por alguien o algo; la pregunta es ¿hacia qué y por quién?
La hermosa verdad es que cada mañana podemos decidir: ¿elegiré el esfuerzo ansioso de la carne o invitaré al Espíritu a cultivar Su fruto en mí?
Esta decisión ocurre en los pequeños momentos en que alguien nos cierra el paso en el tráfico, cuando no se nos reconoce o cuando las relaciones nos decepcionan. Podemos reaccionar desde la mentalidad de escasez de la carne o responder desde la abundancia del Espíritu.
No importa en qué condición se encuentre tu vida en este momento, el Espíritu de Dios está listo para derramar Su presencia vivificante.
por DR. JOEL MUDDAMALLE
