Cuando necesitas un refugio emocional.
Un dolor antiguo surgió en mi ser al leer Juan 12:7a: «—Déjala en paz —respondió Jesús—». Hubiera deseado que alguien me hubiese defendido así.
En Juan 12:1-8, Jesús viajaba a Betania a visitar a Sus amigos. Mientras comían juntos, María ungió los pies de Jesús, secándolos con su pelo. Aunque María actuó inocentemente con una expresión única de honra a Jesús, fue atacada verbalmente por alguien que no era inocente. Judas la acusó, «—¿Por qué no se vendió este perfume? Pudo haberse vendido por el salario de más de un año de trabajo … y dárselo a los pobres» (Juan 12:5, NVI).
En el estado vulnerable de María, arrodillada a los pies de Jesús, Judas intentó infligir dolor y vergüenza sobre ella. Jesús no lo pasó por alto, y vino a su defensa: «—Déjala en paz —respondió Jesús—. Ella ha estado guardando este perfume para el día de mi sepultura» (Juan 12:7).
Al leer las palabras de protección de Jesús a María resurgió en mi interior una herida de mi infancia provocada por un niño vecino. En mi dolor y vergüenza, hubiera querido que alguien supiera lo que estaba pasando, y salido a mi defensa, para decir, «Déjala en paz».
Tristemente, esta clase de heridas es común, especialmente en las mujeres. Y el abuso abre las puertas para que el enemigo nos enseñe mentiras sobre nosotras mismas, nuestro mundo y nuestro Dios. Estas experiencias de vida y creencias falsas impactan nuestra identidad. El vernos a nosotras mismas como rotas, dañadas o como «blancos fáciles» puede persistir por décadas.
¿Estarías dispuesta a unirte a mí en un ejercicio que hice mientras leía las palabras de Jesús? Encuentra un lugar silencioso y privado; respira profundo; y con tus ojos cerrados, piensa en un momento doloroso en tu vida. Imagina a Jesús viniendo a tu rescate, entrando en el espacio, y ordenando a voz de mando, «—Déjala en paz» (Juan 12:7). Medita en esas palabras. Deja que el amor, protección y el poder de Dios Todopoderoso que aboga por ti permee tu ser. Yo nunca había hecho un ejercicio parecido anteriormente, pero mientras permanecía en la presencia amorosa de Jesus, experimenté Su paz.
Los encuentros dolorosos con extraños, amistades o familia dañan nuestra confianza y pueden impactar negativamente nuestra relación con Dios. Pero nuestro Padre celestial amoroso quiere restaurar nuestra capacidad de confiar y creer en Su protección.
Tal vez María reconoció que el ataque de Judas estaba diseñado para avergonzarla. Pero ella sabía que en el refugio de Jesús ella era amada y estaba segura. En el siguiente capítulo del recuento de su Evangelio, Juan escribió esto acerca de Jesús. «Y habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Juan 13:1c, NVI). María sabía que el amor de Jesús era verdadero. Ella escuchó cómo las palabras de Jesús la confortaba; ella vio compasión en Sus acciones. Su corazón estaba convencido, y cuando un corazón está plenamente convencido de que es amado, entonces la fortaleza, seguridad y confianza pueden entrar, proveyendo sanidad duradera.
por LYNN COWELL
