Bienaventurados todos los que esperan.
Estaba sentada en la sala de espera del aeropuerto mientras la luz del día comenzaba a desvanecerse. Mi familia y yo tuvimos un retraso de tres horas en nuestro viaje a Florida. Tres horas sin nada que hacer, excepto ver cómo las manecillas giraban en el enorme reloj del terminal.
Definitivamente no era lo que esperábamos cuando salimos rumbo al aeropuerto, emocionados por unos días de descanso y tiempo en familia.
Resonaban las quejas, frustración y un coro de voces diciendo, «¿Por qué no revisamos el estado del vuelo antes de salir?» Pero al final, nuestra decepción se transformó en una calma silenciosa. Teníamos que ser pacientes. Finalmente, el avión llegó y pudimos partir, pero hasta ese momento no había nada que pudiéramos hacer para cambiar la situación.
La vida implica jornadas de espera, ¿verdad?
Esperamos por la sanidad de un ser querido.
Esperamos por la oferta de trabajo que simplemente no llega.
Esperamos por la resolución de un conflicto.
Esperamos por una respuesta a una oración interminable, deseando que Dios actúe según nuestro calendario.
Como seres humanos, tenemos poca capacidad de atención y, a veces, hasta menos control de nuestro temperamento. Cuando las cosas no suceden como esperábamos, nuestros reclamos caen sobre Dios. Incluso podemos levantar los puños al cielo y gritar, como si Él nos hubiera abandonado.
Pero el Dios del universo, que conoce íntimamente nuestros pensamientos y clamores, está muy cerca de nosotras. Él desea mostrarnos Su misericordia, en Su tiempo perfecto y de la manera perfecta.
Cuando clamamos pidiendo que Su Reino venga aquí y ahora, olvidamos lo limitadas que somos y cuan mucho más altos son Sus pensamientos en comparación con los nuestros (Isaías 55:8-9). Sin embargo, Dios es Dios. Él conoce nuestras acciones, incluso las que nacen de nuestros temperamentos impacientes, y aun así nos ama. Cuando finalmente nos rendimos y agotamos todas nuestras opciones y planes, Él nos espera con los brazos abiertos.
El Señor desea extendernos gracia; anhela que todos lleguemos a conocerlo por medio de Jesús. Aunque parezca que tarda, siempre tiene una buena razón:
Por tanto, el SEÑOR desea tener piedad de ustedes, Y por eso se levantará para tener compasión de ustedes. Porque el SEÑOR es un Dios de justicia; ¡Cuán bienaventurados son todos los que en Él esperan! (Isaías 30:18)
Las respuestas a nuestros anhelos pueden parecer tardías, pero podemos tener esperanza en Aquel que está más que dispuesto a sostenernos, que tiene en mente lo mejor para nosotras y que fortalece nuestro espíritu en la espera mientras nos guía al lugar donde debemos estar.
por SARAH FREYMUTH
