¿A quién estás escuchando?
El mensaje de texto me tomó por sorpresa. El remitente no solo decía ser mi jefe, sino que también me pedía que realizara una «tarea urgente». Estas señales de advertencia me alertaron de un posible estafador, pero no estaba segura.
Esta persona no solo sabía mi nombre y el de mi jefe, sino también información sobre nuestra empresa. Preguntándome cómo había obtenido estos datos, me hice las siguientes preguntas para determinar mis próximos pasos:
¿Es esta una forma habitual de mi jefe para contactarme?
¿Es el mismo tono de voz de mi jefe verdadero?
Como la respuesta a ambas preguntas fue «no», concluí que probablemente era un estafador. Contacté a mi jefe a través de una aplicación de gestión de proyectos para confirmarlo, y en 30 minutos se confirmaron mis sospechas.
Al reflexionar sobre este incidente, también me doy cuenta de cuántas voces escucho a diario, a menudo sin siquiera cuestionarlas. A veces son voces de otras personas, ya sea cara a cara o en línea. A veces es un monólogo interno que me hace cuestionar la dirección de Dios:
No estoy segura de lo que Dios me dice. No soy lo suficientemente espiritual.
Dios nunca me pediría eso. Siempre lo arruino todo.
¿Y qué de ti, amiga? ¿Te suena familiar algún aspecto de esto? Cuando escuchamos estas voces sin compararlas con la Verdad de la Palabra de Dios, podemos irnos por un camino que Dios nunca planeó para nosotras. En el versículo clave de hoy, el apóstol Juan nos advierte que no escuchemos cualquier voz, sino que probemos lo que oímos:
Queridos hermanos, no crean a cualquier espíritu, sino sométanlo a prueba para ver si es de Dios, porque han salido por el mundo muchos falsos profetas (1 Juan 4:1).
Entonces, ¿cómo sabemos si un espíritu o una voz proviene de Dios? Juan continúa diciendo que las voces de la verdad reconocerán a Jesucristo como el Hijo de Dios. También dice que los espíritus, maestros u otras voces que no provienen de Dios «habla[rán] desde el punto de vista del mundo y el mundo los escucha» (1 Juan 4:5, NVI).
Estas distinciones pueden parecer simples, pero nuestro enemigo es experto en distraer. Al escuchar las voces influyentes que nos rodean, podemos preguntarnos:
¿Es así como Dios me hablaría?
¿Es esto coherente con el carácter de Dios?
por ABBY MCDONALD
