El Espíritu susurra la verdad cuando olvido quién soy.
Estos últimos años han sido difíciles, marcados por algunos de los cambios más desafiantes de mi vida. Una sesión de terapia fue especialmente dura: me topé con mi falta de fe, mi necesidad de controlar y mi dificultad para soltar y confiar en Dios. En mi interior, me avergonzaba de mí misma, y me preguntaba quién iba a quererme… así.
Pero aquella tarde, mientras visitaba a una amiga, su hija de 15 años me susurró tímidamente durante la cena: «¡eres guapísima!» Cuando me sentía tan lejos de ser guapa o lo suficientemente buena, el Espíritu Santo utilizó a esta jovencita para susurrarme una verdad que yo no era capaz de ver en ese momento.
En el libro de Rut, Noemí también tuvo dificultades para ver lo que podría ser. Noemí salió de Israel durante una hambruna y se instaló en Moab con su esposo y sus dos hijos, quienes se casaron con mujeres moabitas. Lamentablemente, su marido y sus hijos murieron. Al enterarse de la provisión del Señor en su tierra natal, emprendió el viaje de regreso a Belén con sus nueras, Orfa y Rut. Pero en medio del dolor, las alejó a ambas.
Noemí no podía ver un futuro. No podía imaginar nuevas familias ni un porvenir para ellas. Su lógica y sus fuerzas limitadas le hacían ver la vida de forma sombría. Aunque Rut se negó a dejarla sola, Noemí regresó a casa diciendo, «Yo me fui llena, pero el SEÑOR me ha hecho volver vacía» (Rut 1:21a, RVA-2015). Aunque era sincera y vulnerable en sus emociones, le faltaba fe en su Señor y gratitud hacia Rut.
Me di cuenta de que había sido como Noemí. Quizás tú también te veas reflejada en ella. El desánimo se ha instalado, y aunque deseas creer que las cosas mejorarán, todo parece muy difícil.
Hermana, ¿me permites animarte? Servimos a un Dios fiel, que no se olvidó de Noemí y tampoco se ha olvidado de nosotras. En Su bondad, misericordia y gracia, el Señor abrió los ojos de Noemí a la verdad de su situación: había olvidado que tenía a un pariente redentor, Booz. Pero Dios se acordó. Booz se casaría con Rut y le daría un nieto a Noemí. En un momento de cierre perfecto, las mujeres de Belén le hablaron la verdad a Noemí:
—¡Alabado sea el SEÑOR, que hizo que no te faltara hoy un pariente redentor! ¡Que su nombre sea celebrado en Israel! Él restaurará tu vida y sustentará tu vejez porque tu nuera, que te ama y te es mejor que siete hijos, lo ha dado a luz. (Rut 4:14-15, RVA-2015).
Puede que el día de hoy te parezca difícil, y que la esperanza se sienta lejana, pero ten esto presente: ¡Dios no ha terminado con tu historia! Aunque no lo veas, Su redención está en marcha.
Te ve.
Te ama.
No se olvida de ti.
por SHALA WILSON
