Los lazos que unen.
Durante mucho tiempo, atravesaba la vida con todos los nervios a flor de piel. Me aferré al control lo más fuerte que podía.
Pues, experimenté mucho dolor en mi niñez, incluyendo una familia destrozada y la inestabilidad de múltiples mudanzas. A medida que fui creciendo, pensaba que si podía ser lo suficientemente fuerte o estar lo suficientemente «ensamblada», nunca volvería a experimentar el sentimiento de abandono.
Pero la sanidad que necesitaba no vino a través del esfuerzo sino a través de la entrega total a Jesús.
La Escritura nos dice que Jesús vino «para vendar a los quebrantados de corazón» (Isaías 61:1). Estas no solo son palabras poéticas; son una declaración divina. Cuando Jesús se paró en el templo y anunció quién era Él en Lucas 4:18, Él eligió citar este mismo pasaje escrito 700 años antes por Isaías:
El Espíritu del Señor DIOS está sobre mí, Porque me ha ungido el SEÑOR Para traer buenas nuevas a los afligidos. Me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón… (Isaías 61:1)
Jesús estaba compartiendo Su misión para sanar, restaurar y reconectarnos al corazón del buen Padre. La reconexión brinda sanidad.
Dios ve. Él oye. Él sabe. Él viene a nuestras partes rotas: no solo a las heridas visibles, sino a las fracturas ocultas bajo nuestra armadura. Jesús no se aleja del dolor. Se adentra en los lugares más descuidados y se acerca a donde nos hemos sentido abandonadas. Las lágrimas las cuida con ternuna. Sus manos cicatrizadas comienzan la labor sagrada de sanar lo roto.
Esto es lo que Él ha hecho y aún sigue haciendo por mí. Y por ti.
¿Qué angustia cargas hoy? Tal vez es un diagnóstico, la confianza rota o un niño descarriado. No tienes que sufrir sola.
Jesús vino a reconectarte con Aquel que nunca te rechaza, que te llama preciosa y se deleita en ti. Ya no tienes que ser una huérfana que se vale por sí misma. Dios te acoge, te abraza y te adopta.
En medio de circunstancias difíciles, tú y yo a menudo podemos recurrir a la autosuficiencia en lugar de correr hacia el Padre. Pero juntas, recordemos lo que Dios dice que somos, escogidas y amadas. Incluso esas palabras sagradas son un bálsamo sanador. Podemos hallar consuelo al deleitarnos en cómo Él nos define.
Dondequiera que te encuentres… escondida, herida o tal vez simplemente cansada, ten en mente esto: Jesús vino por ti. Para vendar tu corazón quebrantado. Para reconectarte con el corazón de un Padre amoroso.
Puedes dejar que Él entre en tus espacios delicados hoy. Sus lazos te unen más fuerte que cualquier cosa que haya intentado quebrantarte.
por JENNI LORD
