Cuando te preguntas si a Dios le importan los detalles de tu vida.
Puede que hayamos escuchado con frecuencia que Jesús es nuestro gozo más grande. ¡Es verdad! Lo que Él logró por nosotras en Su vida, muerte y resurrección, para que fuéramos rescatadas de la muerte hacia la vida y para vivir en abundancia en Él por siempre, es nuestro mayor gozo. ¡Es el gozo mayor!
Pero al considerar esta verdad, podríamos suponer que a Dios no le importan los detalles de nuestras vidas. Si bien nuestros corazones experimentarán el gozo pleno en la eternidad con Cristo, esto no significa que Dios está desinteresado en los detalles de nuestras vidas hoy o que otras alegrías menores (cualquier cosa a parte de Jesús mismo) no importen para nada.
Vemos esto reflejado en la hora de la muerte de Jesús durante un intercambio entre Jesús y Su madre, María (Juan 19:25-27).
Como madre, María habrá cuidado de Jesús como a cualquier otro niño. Seguramente, ella lo amamantó, lo educó, albergó sueños para Él y mientras crecía lo observó con amor y admiración. Y al pie de la cruz, María vio cómo el Hijo que amaba fallecía de una muerte dolorosa. Más allá de la tragedia, también estaba la consecuencia práctica de que ella estaba perdiendo a una de las personas más indicadas para cuidar de ella durante su vejez.
Este fue un detalle por el cual Jesús tuvo una profunda consideración. Al mismo tiempo que suplía las necesidades espirituales de toda la humanidad, Él también se encargó de las necesidades físicas de Su madre. Uno de Sus últimos suspiros fue destinado a encargar el cuidado de ella a uno de Sus discípulos más queridos, Juan.
Este intercambio entre Jesús y María nos ofrece una garantía dulce si alguna vez somos tentadas a creer que nuestras preocupaciones, anhelos, sueños, ¡e incluso nuestras alegrías!, son demasiado pequeñas para el cuidado de Dios.
Como dice 1 Pedro 5:6-7, «Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios para que él los exalte a su debido tiempo. Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes».
Observa con atención que el versículo dice «toda ansiedad». La promesa no se refiere solo a preocupaciones grandes y eternas. La promesa es que Él cuida de ti. Jesús está profundamente involucrado con cada detalle de tu personalidad, dolor y alegría. Con el peso del mundo sobre Sus espaldas en la cruz, Jesús cuidó con mucha ternura de las necesidades terrenales de Su madre. Y Él sigue haciendo lo mismo por ti y por mí.
Si bien nuestra satisfacción será más saciada cuando Jesús, nuestro gozo mayor, está en el centro de nuestros afectos, también podemos regocijarnos en el hecho de que a Jesús le importan nuestras alegrías, cargas, deseos, preocupaciones, y sueños. Éstos deben estar correctamente ordenados, pero son de profunda importancia para Él.
Él cuida de ti.
por NICOLE ZASOWSKI
