Cuando malinterpreto el gozo.
Pensaba que lo tenía resuelto… que el gozo vendría naturalmente si caminaba cerca de Dios, tomaba decisiones sabias y oraba con fervor.
Pero en vez de eso, encontré esperas largas, oraciones sin respuesta y momentos en los que no sentía ningún gozo en lo absoluto.
Esto no tenía sentido.
Tal vez tú también has estado ahí. Esos tiempos en los que haces todo lo «correcto» — eres fiel, sirves, oras consistentemente… pero el gozo aún parece estar lejos. Empiezas a preguntarte: ¿en qué fallé? ¿No deberían ser diferentes las cosas?
Fue entonces cuando Dios interrumpió suavemente mis pensamientos con una verdad que yo había pasado por alto.
Yo estaba midiendo el gozo en función de lo cómoda que se sintiera la vida. No pensaba en él como algo que pudiera existir en medio de la lucha. Pero entonces Santiago 1:2-3 cobró vida para mí: «Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia».
«Tengan por sumo gozo… cuando se hallen en diversas pruebas». No solo cuando las cosas tienen sentido. No solo cuando las oraciones son respondidas con un milagro. En todo. Incluso en lo difícil.
Santiago no decía que las pruebas fueran divertidas, decía que tienen propósito. Las pruebas no son en vano. Dios las usa para fortalecernos y refinarnos. El gozo que nos da no es pasajero, sino uno que perdura.
Al principio, luchaba con esta idea. Yo quería que el gozo llegara después de la parte difícil. Pero entonces recordé lo que dice Nehemías 8:10: «… el gozo del SEÑOR es su fortaleza» (RVA-2015). El verdadero gozo no depende de cómo se ve la vida, está arraigado en saber que Dios está con nosotras, aun en la incertidumbre.
Gálatas 5:22 nos recuerda que el gozo es un fruto del Espíritu. Eso significa que Dios lo hace crecer en nosotras. No tenemos que fingirlo ni forzarlo. Y en muchas ocasiones, ese crecimiento sucede en lugares silenciosos, invisibles y muy poco gozosos. Cuando amamos a quienes son difíciles de amar. Cuando confiamos en Dios sin saber el resultado. Cuando elegimos seguir adelante con el corazón lastimado. El cielo toma nota cuando hacemos estas cosas.
Si el gozo parece inalcanzable, no significa que tu fe esté rota. Tal vez solo significa que Dios está cultivando un fruto profundo y duradero en tu corazón. Permanece en Él. Las pruebas no son señal de que Él te ha abandonado; son parte del proceso a través del cual desarrolla tu resiliencia.
Un agricultor siembra, riega y espera. No ve resultados de inmediato, pero confía en el proceso. Yo no soy agricultora, pero sé lo que es mirar la tierra de mis circunstancias y preguntarme si algo bueno podrá salir de ahí.
Y aun en esa incertidumbre, el gozo que Dios da es constante, arraigado en Su presencia, no en circunstancias perfectas. Sigamos adelante, amiga. Dios está obrando en medio de nuestra lucha.
El gozo no es una línea de meta, es fruto que crece mientras caminamos con Jesús.
por JACKIE SMITH-BELL
