Cuando las luchas sexuales impiden el acercamiento Jesús.
Jesús dijo que el mandamiento más importante es amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas (Marcos 12:30).
En otras palabras, la vida cristiana consiste en alinear el 100% de lo que somos con el amor y la Verdad de Dios. ¡Qué meta tan ambiciosa! Desafortunadamente, hay algunas áreas de la vida que parecen más difíciles (¡incluso imposibles!) de rendir.
Escuché a un pastor comentar que cuando venimos al Señor y nos bautizamos, nos sentimos tentados a «mantener nuestra billetera fuera del agua». Todas tenemos «carteras» simbólicas que no estamos muy seguras de querer entregar a Jesús.
Para muchas de nosotras, la sexualidad es una de esas áreas, incluyendo nuestros pensamientos, opiniones y acciones. Pero cuando retenemos estas luchas al estar ante Dios, esto puede alejarnos de una relación cercana con Él.
Existe una batalla espiritual monumental en torno a los asuntos sexuales. La mayoría de nosotras la reconocemos en nuestra cultura, pero nos cuesta verla en nuestras propias vidas. No vemos las formas sutiles en que Satanás utiliza el dolor, las dudas y la vergüenza del pasado y del presente para alejarnos de la intimidad con el Señor.
Pablo escribió: «…pues aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas como lo hace el mundo. Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas. Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios…» (2 Corintios 10:3-5, NVI).
Esta batalla espiritual involucra ideas y pensamientos que se oponen a que crezcamos en nuestra intimidad con Jesús.
¿Se han convertido los asuntos relacionados con el sexo, el matrimonio y la intimidad en una barrera que te impide confiarle tu vida al Señor? ¿Tienes alguna pregunta persistente acerca de Su bondad, una lucha secreta vergonzosa o una herida supurante que te impide entregarte completamente a Su amor?
Si es así, te animo a que le invites a entrar a ese espacio caótico.
Jesús no está al otro lado de la puerta de tu casa, esperando a que hagas un cambio. El Salmo 139:7-12 nos recuerda que no hay ningún lugar donde alejarse de Su presencia. Él está en la habitación contigo.
Dios no está en el parqueo de la consulta de tu terapeuta. Él escucha las preguntas que le haces acerca de Su bondad.
No podemos librar una batalla espiritual con nuestras propias fuerzas. Necesitamos la presencia y el poder de Dios mismo. El Señor no está esperando a que arregles el desorden o resuelvas todas tus preguntas. Simplemente dice: «»Vengan a mí … yo les daré descanso» (Mateo 11:28, NVI).
