El Roi: la seguridad de que Dios ve y entiende.
Sola. Cansada. Asustada. Así me sentía el día que una serpiente de dos metros se deslizó hasta mi cocina pasando por mis pies.
Mi esposo y yo vivíamos en Nepal y ayudábamos a una organización religiosa con desarrollo económico. Adaptarme a la vida en un pueblo sin electricidad ni agua corriente me había agotado. También lo habían hecho la enfermedad crónica, el aislamiento y la crianza de un recién nacido. Estaba agotada. Exhausta. Ver a ese animal le echó leña al fuego de mi deseo de huir de aquel lugar y volver a lo conocido.
Un vecino, terminó matando a la serpiente, pero el rescate no pudo calmar el caos que tenía en el interior. Cuando mi esposo regresó del trabajo, derramé un montón de lágrimas.
Sin razón aparente, mi marido encendió nuestra radio de onda corta, y escuchamos a un cuarteto masculino cantando el himno «Grande es Tu fidelidad».
Seguimos viviendo en esa aldea nepalí por dos años y solamente una vez escuchamos un programa de radio en inglés. Fue esa noche. ¿Fue una coincidencia? Yo diría que no. Estoy convencida de que Dios vio mi estado de desesperación y, en Su bondad, apareció con una canción para alinear mis pensamientos con Su Verdad.
Ese fue mi «momento Agar».
En la Escritura, Agar fue una esclava egipcia que trabajaba en la casa de Abram y Saraí. Estar allí, fuera de su tierra natal, significó perder todo lo que le era familiar: su idioma, cultura, religión y relaciones. Agotada y angustiada, finalmente huyó después de que Sarai (intentando «ayudar» a Dios a cumplir Su promesa de un heredero para Abram) «tomó a Agar … y la entregó a Abram como mujer» (Génesis 16:3, NTV).
Sola. Cansada. Asustada. Así es como Agar, ahora embarazada, probablemente se sintió mientras estaba sentada en el desierto.
Pero Dios vio su estado de desesperación. El ángel del Señor apareció, la llamó por su nombre, y le dio dirección para el futuro. El encuentro divino le dio fuerza a Agar, y lo marcó dándole un nombre a Dios: ««El Dios que me ve», pues se decía: «Ahora he visto al que me ve»» (Génesis 16:13).
«El Dios que me ve» es la traducción al español del nombre hebreo: El Roi. Este nombre sugiere más que una vista física. También implica cuidado y comprensión. Podríamos decir que Dios nos ve con los ojos de Su corazón.
Aquella experiencia con Dios y reconocerlo por este nombre le dio a Agar el valor para regresar a casa de Sarai. Ese mismo Dios me fortaleció para permanecer en la aldea.
Mi amiga, puede que te sientas sola, cansada y asustada, pero ten la seguridad: Dios te ve. Busca la evidencia de Su presencia en tu vida, sea en una canción, en un correo electrónico motivador, en un acto raro de amabilidad.
No estás sola, Él entiende, Eres amada.
por GRACE FOX
