¿Mejorará en algún momento?
Me metí en la cama sintiéndome derrotada. Al apagar la luz, le di vueltas en mi mente a cómo sentía que la luz de Jesús dentro de mí parecía igualmente apagada. Quería ser una buena persona, esposa, mamá, amiga… o cualquier otro papel en mi vida. No importaba cuánto lo intentara, terminaba cada día con lamento o preocupación.
¿En algún momento aprenderé a confiar en Dios y a experimentar la paz que Él promete? ¿O es la ansiedad diaria por mis seres queridos, el futuro y las relaciones difíciles mi realidad eterna?
Me sentía atrapada en un ciclo, luchando contra las mismas emociones y situaciones que derrotan a uno.
¿Es esto lo mejor que puede llegar a ser la vida cristiana?
El mundo no carece de oportunidades para sentir los celos, la amargura, la soledad, la frustración y la inseguridad. Las pantallas nos dicen todo lo que no tenemos y todas las preocupaciones que deberían ocupar nuestra atención y por ende se hace cada vez más difícil no distraernos ni descarrilarnos emocionalmente. Podríamos sentir que simplemente tenemos que esperar el cielo, con la esperanza de que finalmente podamos experimentar un cambio duradero en la eternidad.
Pero, ¿qué pasaría si pudiéramos aprender a vivir llenos de amor, gozo, paz, paciencia y autocontrol aquí y ahora?
Ahí es donde las promesas hermosas de Dios en el libro de Tito proveen una esperanza real y una ayuda práctica arraigada en el evangelio: «él nos salvó, no por las acciones justas que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia. Nos lavó, quitando nuestros pecados, y nos dio un nuevo nacimiento y vida nueva por medio del Espíritu Santo. Él derramó su Espíritu sobre nosotros en abundancia por medio de Jesucristo nuestro Salvador (Tito 3:5-6, NTV).
Tito nos enseña el plan de crecimiento de Dios para nuestras vidas. No estamos destinadas a encogernos de hombros en señal de derrota ni a quedarnos de brazos cruzados mientras esperamos el cielo. Tenemos herramientas para cooperar con el Espíritu Santo a medida que Él obra en nuestras vidas para brindar cambio duradero, renovación y guía.
El mundo insiste en que las cosas mejoran con nuestros propios esfuerzos, pero Dios promete que Él será fiel para transformarnos. ¡La obra de salvación ya fue hecha por Cristo!
Pero eso no significa que no tengamos nada que hacer. La carta de Pablo a Tito invita a los cristianos a experimentar no solo el gozo de recibir la gracia de Dios, sino también el gozo de vivir nuestra fe.
El sacrificio de Jesús nos ha salvado, y la presencia poderosa del Espíritu Santo nos renueva continuamente. Y no solo un poco a la vez: ¡Él nos da gracia generosamente a medida que deseamos crecer y cambiar!
Oh, amiga, si te sientes abrumada y atascada… esto no es lo mejor que hay. Este es el comienzo de un nuevo día. Se avecina el cambio. Sigamos el buen plan que Dios tiene para nosotras y entremos en la luz de Sus promesas.
por ERICA WIGGENHORN
