Cuando no puedes ver lo que Dios está haciendo.
Hace poco me encontré viendo fotos antiguas. Lo que comenzó como una búsqueda rápida terminó convirtiéndose en un silencioso recorrido por mis recuerdos. Vi a mis hijos cuando eran bebés, vi el hogar donde vivimos nuestros primeros años y cómo era nuestro diario vivir.
Esas temporadas se sentían agotadoras mientras las estaba viviendo, llenas de pañales, platos por lavar y días largos que no parecían especialmente significativos. Vivía cada día fielmente, pero no siempre con una sensación de propósito. Definitivamente, no siempre veía lo que Dios estaba haciendo.
Algunas fotos también me llevaron de vuelta a una de las temporadas más difíciles de mi vida, cuando nació mi cuarto hijo con una lesión nerviosa que dejó su brazo sin movimiento. Durante meses, pasé mis días investigando, masajeando su brazo y orando por sanidad. Y cuando la recuperación no llegó rápidamente, me pregunté cómo sería su futuro.
Entonces, un verano, conocí a un estudiante universitario que tenía la misma condición. Trabajaba en una cafetería y hacía su trabajo con confianza usando solo su brazo funcional. Mientras hablábamos, me dijo que tocaba la guitarra.
Me dijo, «Puedo hacer cualquier cosa. «Tal vez sea más difícil, pero puedo hacerlo».
Ese momento me dio algo que no sabía que necesitaba… esperanza. No porque mis circunstancias hubieran cambiado, sino porque vislumbré lo que podría ser.
Eso es lo que hace la esperanza. Nos permite mirar más allá de lo que vemos en este momento. Nos ayuda a creer que nuestra realidad actual no es la historia completa.
Mirando hacia atrás, puedo ver que Dios estaba obrando en esos días ordinarios y difíciles. Él estaba formando lo siguiente dentro de mí: una fe más profunda, una confianza más fuerte y una esperanza resiliente.
En Isaías 43:19, Dios nos recuerda: «¡Voy a hacer algo nuevo! Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta?» La pregunta no es si Dios está obrando, sino si tenemos los ojos para reconocerlo.
A veces no los tenemos. Y en esos momentos, aunque anhelamos esperanza, quizás no nos sentimos esperanzadas. Pero la esperanza no siempre es algo que sentimos, es algo que elegimos.
Así que aquí está la invitación… mira tu vida y reflexiona sobre lo que has atravesado. Si estás en una temporada difícil, no te apresures a pasarla, pero tampoco definas tu historia por ella.
Elige la esperanza.
En la práctica, eso podría verse de la siguiente manera:
- Hacer una pausa y recordar los momentos en los cuales Dios fue fiel anteriormente.
- Buscar pequeños destellos de crecimiento, aunque parezcan insignificantes.
- Declarar la Verdad de la Palabra de Dios sobre tu situación, incluso cuando tus emociones digan lo contrario.
Hoy mi hijo está en la universidad. Trabaja como barista. Y, sí, toca la guitarra.
Tu situación puede ser diferente, y quizás todavía no puedas ver el panorama completo, pero Dios también sigue escribiendo tu historia. Incluso ahora, Él está haciendo algo nuevo.
por CHRYSTAL EVANS HURST
