No tengo las respuestas, pero sí tengo oraciones.
Recientemente, un camión de mudanza se estacionó frente a la casa de mi amiga. A veces mudarse significa algo emocionante y nuevo. Otras veces no.
Esta mudanza significaba un final. Horas después de empezar a vaciar su hogar, los trabajadores de la empresa de mudanza tomaron su retrato de bodas y le preguntaron: «¿se llevan las fotografías por separado?».
«Sí» dijo ella, y la ironía no se le escapó. Por separado. Así es como ella viviría ahora. Separada del vecindario. Separada de su esposo. Separada de la vida que creía que tendría.
Tomó el retrato de bodas y, entre lágrimas me llamó para decir, «no sé qué hacer con esta foto ¿Qué hago con cosas que ya no tienen un lugar? Construimos una vida juntos, y ahora ya no existe el juntos».
Yo también caminé por ese mismo camino devastador de un matrimonio llegando a su fin, y experimenté el duelo profundo que golpea a cada paso. Fue por esa razón que supe que no era necesario decir nada, solo para llenar el silencio incómodo. Entendía a un nivel profundo y personal que una frase cliché no iba a sostener su corazón destrozado.
Quizás hayas estado ahí. Quizás tú eras la que estaba experimentando un divorcio no deseado, o la que intentaba desesperadamente encontrar qué decir. En estos momentos difíciles, tenemos que poner los pies en la única tierra firme que existe, la Verdad de Dios.
Su Verdad no cambiará por sentimientos, no se ahogará en un mar de lágrimas, ni te dejará, aún cuando tus llantos estén llenos de emociones sin filtro, dudas o preguntas difíciles sobre lo que estás enfrentando.
Finalmente le dije, «no tengo las respuestas, pero sí tengo oraciones. Voy a escribir las conversaciones que tenga con Dios sobre ti, para que puedas saber que Él no está en silencio ahora mismo. Él te ve. Él te escucha. Y a través de Su Verdad, Él te consolará».
Saqué mi Biblia y derramé mi dolor y mi tristeza. Dios, por favor enséñame las verdades correctas para compartir con mi amiga. Usa mi mano para escribir las palabras de consuelo que tienes para ella en Tu Palabra.
Después le compartí por escrito esta conversación que tuve con Dios:
Yo: Señor, es difícil ver a mi amiga sufrir tanto. Ella te suplicó para que la ayudarás a salvar su matrimonio, y honestamente, estamos confundidas de por qué no se arregló.
El Señor: Escuché cada oración, y siempre estuve a su lado. «El SEÑOR está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido» (Salmo 34:18, NVI).
Yo: Pero Señor, ¿no ves sus lágrimas? Si ver su tristeza rompe mi corazón, debe romper El tuyo también.
El Señor: Recuerda lo hermoso que es confiar en el Único que puede ver lo que es y lo que vendrá. «El SEÑOR es bueno, un refugio seguro cuando llegan dificultades. Él está cerca de los que confían en él» (Nahúm 1:7).
por LYSA TERKEURST
