Eres más «mañanera» de lo que crees.
Puede que no lo creas, pero eres más «mañanera» de lo que piensas.
Entiendo por qué cuesta creerlo. Durante años, pensé que las personas mañaneras consistían en cristianas radiantes que saltaban de la cama como princesas de Disney, iban al gimnasio, hacían exégesis de Levítico y planchaban las sábanas… todo antes de las 7 de la mañana. Mientras tanto, el resto nos despertamos con el pelo en siete direcciones distintas y una rutina matutina que ni los filtros de Instagram pueden arreglar.
Algunas mañanas son apresuradas y ruidosas. Otras comienzan con un nudo en el estómago por lo que el día trae (o por lo que ya no traerá). Así me sentí después de que falleciera mi padre. Las mañanas parecían una alarma programada por un corazón roto. Su ausencia se hacía palpable mañana tras mañana.
Aquella etapa removió algo en mí. Empecé a reflexionar sobre la brevedad de la vida. No quería perderme el milagro de cada nueva mañana. Quería ser el tipo de mujer que dijera, Aquí lo tienes Jesús; un día completamente nuevo delante de mí. Qué regalo estar viva y comenzar mi jornada Contigo.
Así comenzó mi estudio de las más de 200 mañanas que se mencionan en las Escrituras. Lo que descubrí me dejó atónita. Enseguida lo vi claro; Dios tiene una sensibilidad especial por las mañanas.
Lo primero que Dios creó en la tierra… fue una mañana. La mañana nació con las palabras de Dios, ««¡Que haya luz!»» (Génesis 1:3, NVI).
La mañana es también cuando apareció el maná para alimentar al pueblo de Dios en el desierto (Éxodo 16:8), cuando héroes como Josué y David dieron pasos de fe (Josué 3:1; 1 Samuel 17:20) y cuando los salmistas despertaron con una esperanza que no podían ver en la oscuridad (Salmo 30:5).
¡Nuestra fe se sostiene en una mañana gloriosa en que la piedra fue retirada y Jesús salió vivo de la tumba!
Resulta que Dios es una persona mañanera. Y eso significa que tú y yo (creadas a Su imagen) también lo somos.
Para Dios, las mañanas no son solo el paso de la noche al día. Son el momento en que revela nuevas misericordias. «Por el gran amor del SEÑOR no hemos sido consumidos y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad!» (Lamentaciones 3:22-23).
Estas palabras se escribieron en un momento muy oscuro; Jerusalén estaba en ruinas. La esperanza parecía haberse desvanecido. Y aun así, el autor de Lamentaciones declaró, «¡Las misericordias de Dios están aquí!».
Esa es la clase de esperanza que necesitamos en las mañanas difíciles. No se trata de cuán disciplinadas somos. Las mañanas son recordatorios diarios de cuán fiel es Dios.
No necesitas un diario elegante ni un «tiempo a solas» perfecto. Antes de deslizar la pantalla, comienza con una oración sencilla. Buenos días, Señor. Gracias por este nuevo día.
Amiga, despertaste dentro de un milagro… otra mañana que Dios eligió regalarte para vivir, amar y disfrutar.
por JENNIFER DUKES LEE
