Vive tu historia para Su gloria.
Conducía por la autopista interestatal y miré por el espejo retrovisor. Se me paró el corazón. Una camioneta enorme se acercaba a toda velocidad.
En esa fracción de segundo pensé en mis hijos, en mi familia, en todas las cosas pendientes. Si esto fuera el final, ¿habría tenido importancia mi vida? ¿Había utilizado el tiempo que Dios me había dado para glorificarle?
En el último momento, solo por la gracia de Dios, la camioneta se desvió en el último momento, pasando a pocos centímetros de mi auto. Pero mientras seguía conduciendo, temblando, la realidad me golpeó como una ola. La vida puede cambiar, o terminar, en un instante. Lo había dado por sentado, creyendo siempre que tenía mucho tiempo para hacer lo que Dios me había llamado a hacer.
Nuestra cultura está obsesionada con capturar el «momento perfecto» para las redes sociales, pero a menudo nos perdemos de los verdaderos momentos que estamos viviendo. Comparamos nuestras vidas reales con las versiones filtradas de las demás y nos convencemos de que nuestras historias no son lo suficientemente impresionantes, dramáticas o inspiradoras como para importar.
Pero ¿y si Dios no está buscando algo impresionante? ¿Y si simplemente nos está pidiendo que seamos fieles con la única vida que nos ha dado?
Sus palabras en 1 Corintios 10:31 no se refieren solo a los domingos por la mañana o a los viajes misioneros. Se refieren a todo: «ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios».
«Háganlo todo» incluye la forma en que respondemos cuando alguien nos corta el paso en el tráfico. La paciencia que mostramos a nuestros hijos cuando estamos agotadas. El momento en que abrazamos a una amiga que necesita saber que todo estará bien después de una temporada difícil, porque Dios se manifestará. Cada momento es una oportunidad para glorificar a Dios.
Ese percance cambió mi perspectiva. Me di cuenta de que estaba tan ocupada deseando que mi vida fuera diferente, que había olvidado vivir realmente la historia que Dios me había confiado.
Esta es la verdad: Dios no necesita que tu vida sea perfecta. Él necesita que tenga un propósito. ¿Esa lucha por la que estás atravesando? ¿Esa decepción que arruinó tus planes? ¿Ese secreto de tu pasado? Forman parte de tu historia que pueden mostrar a otras cómo Dios convierte el dolor en propósito.
Tu vida glorifica a Dios no cuando está pulida para el consumo público, sino cuando se vive auténticamente para Él. Puedes ser honesta acerca de tus batallas mientras señalas a tu Libertador. Puedes dejar de desear tener la vida de alguien más y comenzar a aceptar la manera en que tu propio camino (con todo y su desorden) revela la gracia de Dios. Puedes darle esperanza a alguien.
La vida es demasiado corta para desperdiciarla comparando, quejándote o esperando que las cosas sean ideales. El mundo necesita ver a personas reales viviendo una fe real en tiempo real. Ahora mismo.
Tu historia real, imperfecta y hermosa puede mostrarle a otras mujeres que Dios está presente, es fiel y está obrando en los momentos cotidianos que tantas veces pasamos por alto.
por TRACIE MILES
