Nos espera un reencuentro maravilloso.
A veces, cuando mi mente se calma, las imágenes regresan… las últimas horas con papá. Horas sagradas, hermosas y tan devastadoras a la vez. Un recuerdo doloroso, a pesar de que nunca lo quiero olvidar.
En esos meses transcurridos, he luchado para rebobinar los recuerdos de cuando mi padre estaba vivo. Su rostro cálido, esas mejillas sonrosadas, la bendición o la maldición del pelirrojo, dependiendo de su estado de ánimo. El sonido de su risa, la sensación de sus abrazos. Qué agradecida estoy de saber que volveré a ver su rostro, escuchar su risa y sentir esos abrazos.
Como creyentes, tenemos una promesa impresionante en Cristo: la vida no se acaba. Este cuerpo no es nuestra forma definitiva. La muerte no es el fin.
Si hoy te sientes dolida, extrañas a alguien que ha fallecido o te atormentan los recuerdos desgarradores de sus últimos días, su vitalidad disminuida, su cuerpo cambiado por lesiones, enfermedades o el paso del tiempo, estas palabras son para ti. Las Escrituras prometen a los cristianos una resurrección corporal y un reencuentro maravilloso en el futuro (Filipenses 3:20-21; Romanos 8:11). ¡Qué esperanza encontramos en las palabras de Pablo!:
Fíjense bien en el misterio que voy a revelar: No todos moriremos, pero todos seremos transformados, en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque final de la trompeta. Pues sonará la trompeta y los muertos resucitarán con un cuerpo incorruptible, y nosotros seremos transformados. Porque lo corruptible tiene que revestirse de lo incorruptible y lo mortal, de inmortalidad (1 Corintios 15:51-53, NVI).
Quizás recordemos esos últimos momentos de la frágil condición terrenal de nuestros seres queridos; sin embargo, estos no fueron sus últimos momentos. ¡Todo lo contrario! Para los creyentes, un día resucitarán y serán transformados, imperecederos, y recibirán un cuerpo eterno que nunca se desvanecerá ni fallará.
Pablo continúa en 1 Corintios 15:54b-57: ««La muerte ha sido devorada por la victoria». «¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?». El aguijón de la muerte es el pecado y el poder del pecado es la Ley. ¡Pero gracias a Dios que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!» (NVI).
Jesús venció la muerte. Esperamos con confianza la vida eterna con Él y con todos los que nos precedieron en el Señor. Pablo también describe nuestro reencuentro glorioso futuro en 1 Tesalonicenses 4:16-18:
El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con el Señor para siempre. Por lo tanto, anímense unos a otros con estas palabras (NVI).
Amigas, animémonos unas a otras con estas palabras, con esta verdad. Volveremos a ver a nuestros seres queridos creyentes, sanos y completos, restaurados y libres. Nuestros cuerpos nuevos nunca fallarán, nuestro tiempo nunca se acabará y nuestra alegría nunca terminará.
Por Elizabeth Laing Thompson
