Una canción que despierta el asombro.
Tengo que hacer una confesión: no soy una gran admiradora de la música navideña. Cada vez que lo admito en voz alta, la gente presupone que debo ser un Grinch, pero les aseguro que no es así. En su mayor parte, me encanta la temporada navideña; solo es la música la que no me gusta.
Sin embargo, hay una canción que siempre me hace sonreír. Cuenta la historia de un pequeño pastorcillo que monta un burro, toca su cuatro (una pequeña guitarra latinoamericana) y se dirige alegremente a ver a Jesús. La versión original fue grabada en Venezuela en la década de 1970, interpretada por un niño cuya voz transmite puro deleite:
«Con mi burrito sabanero, voy camino de Belén… Apúrate, mi burrito, vamos a ver a Jesús».
Hay algo en esa canción que me remite a Lucas 2:15-16, donde los pastores que habían escuchado a los ángeles anunciar el nacimiento de Jesús dijeron, «vamos a Belén, a ver». Ellos no titubearon. Ellos se «fueron de prisa» para encontrar a María, José y al Salvador recién nacido.
En los versículos subsiguientes, Lucas 2:20a dice, «Los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído» (NVI). Ellos se quedaron sorprendidos y llenos de alegría al saber que todo lo que la multitud de ángeles había declarado era verdad.
A veces pierdo ese sentido de urgencia. La temporada navideña se llena rápidamente con las compras, las envolturas de regalo, la repostería, las decoraciones y la planificación de fiestas. Es fácil dejarse llevar por las listas y las expectativas y olvidar la maravilla de lo que realmente estamos celebrando. Cuando eso sucede, pierdo de vista la alegría que llevó a los pastores a Belén.
Quizás por eso me encanta tanto «Mi burrito sabanero»: la sencilla alegría de imaginar a un pequeño pastorcillo montado en su burrito. Me lleva el corazón de vuelta al lugar al que pertenece. Me saca de la confusión mental, del ajetreo y el bullicio, de la lista interminable de tareas pendientes. Me recuerda que, en medio de toda la prisa y el ruido, Jesús está aquí y podemos verlo.
Amiga, haz a un lado las listas de compras, las cintas y los adornos y vámonos a ver a Jesús.
Esta Navidad, puede que no escuche toda la música navideña, pero esa canción seguirá siendo un elemento básico en nuestro hogar porque es una canción que despierta el asombro nuevamente. Me transporta de vuelta a la alegría y la expectación de encontrarme con el Hijo de Dios.
por KRISTEL ACEVEDO
