Todas necesitamos espacio para exhalar.
Descanso. Suena tan bien, pero para una mujer como yo, es difícil. Aún cuando mi cuerpo está físicamente reposando, mi mente rara vez lo está.
Siento como si siempre estuviera haciendo malabares en mi mente. Las necesidades de otros. Las demandas del hogar. Proyectos del trabajo. La lista de pendientes nunca termina. ¿Te identificas?
Sin embargo, la Biblia es muy clara en que debemos honrar el día de reposo y buscar el descanso. Dios nos dice que presionemos el botón de pausa de la vida una vez a la semana y protejamos nuestra necesidad de descansar. Protegerla apasionadamente. Protegerla intencionalmente. Protegerla incluso cuando nuestros compromisos nos ruegan que hagamos lo contrario.
Pero, ¿por qué?
Hay razones personales por las que debemos observar el día de reposo, que son únicas para cada persona. Hay conversaciones privadas que debemos tener con Dios. Todas tenemos que detenernos, sentarnos con Dios y pedirle que nos revele algunas cosas.
Pero, al considerar los versículos claves de hoy, algo más me viene a la mente. El día de reposo no es solo un día para dedicarle a Dios. Es un día que Dios ha establecido para mí. Él tiene algo para mí, si tan solo desacelero lo suficiente para recibirlo:
»Si dejas de profanar el sábado y no haces lo que deseas en mi día santo; si llamas al sábado «delicia» y al día santo del SEÑOR, «honorable»; si te abstienes de profanarlo y lo honras no haciendo negocios ni profiriendo palabras inútiles, entonces hallarás tu gozo en el SEÑOR… (Isaías 58:13-14a).
El día de reposo no fue diseñado solo para ser observado, sino para ser conservado. Es hora de redescubrir nuestro gozo en el Señor.
Necesito esto. Quiero ser una conservadora del día de reposo, una mujer determinada a proteger este día y experimentar el deleite del Señor.
Una observadora recuerda descansar. Una conservadora descansa para recordar que se trata de Dios.
Una observadora se detiene en el día de reposo para cumplir una norma. Una conservadora hace mucho más que seguir una norma. Ella cumple el deseo de Dios y acoge Su propósito en el descanso. Ella invierte un día a la semana, permitiendo que la brisa fresca que trae el descanso del Señor sople sobre ella, limpiando todo lo que ha absorbido en la semana, con una exhalación que purifica el alma.
Se trata de tomar una pausa y conectarnos con Dios, sin el caos de nuestras rutinas diarias que tiende a distraernos, para alinearnos a Su ritmo. El ritmo de Dios preserva un espacio en nosotras para escuchar Su voz, revela los lugares en que nos desviamos del camino y limpia cualquier acumulación innecesaria. Un descanso tranquilo nos permite ver cuando estamos siguiendo nuestro propio camino, las áreas en las que nos complacemos a nosotras mismas en vez de complacer a Dios y las palabras ociosas que debemos refrenar. Durante momentos de tranquilidad, podemos tratar con nuestra acumulación mental y enfocarnos en los caminos de Dios.
El día de reposo lo hace posible.
Tomar un día de descanso le da a mi alma la libertad que necesita desesperadamente. Le da espacio para respirar. Inhalando y exhalando al ritmo tierno que Dios estableció.
por LYSA TERKEURST
