Qué hacer cuando no puedes encontrar a Dios
Hay una historia en Lucas capítulo 2 que resulta sorprendentemente humana.
María y José regresaban a casa desde Jerusalén, después de la Pascua cuando se dieron cuenta de algo impensable: el niño Jesús, de 12 años, había desaparecido.
Imagina su confusión y desesperación. Buscaron durante tres días antes de encontrar a Jesús en el templo, sentado entre los maestros y haciendo preguntas.
Esa historia me resulta especialmente conmovedora cuando anhelo la presencia de Dios en mi propia vida. Puede que no lo pierda como lo hicieron Sus padres, pero sé lo que es perder la noción de Jesús, preguntarme a donde se ha ido entre la conmoción, el dolor o en mi propio corazón.
Si hoy sientes ese añoro, no estás sola. Aquí tienes cinco invitaciones para cuando sientes que Dios está ausente:
- Acoge el asombro.
La incertidumbre a menudo se siente peligrosa, como si la seguridad existiera más allá del conocimiento. Pero Isaías 45:3 nos recuerda que Dios «[nos dará] tesoros escondidos en la oscuridad». Algunos dones solo se pueden encontrar en el silencio…en la espera…en los lugares donde menos esperamos que la luz nos encuentre.
En lugar de temer lo desconocido, ¿qué pasaría si lo abordáramos con curiosidad? El asombro nos ayuda a ver la oscuridad no como un vacío, sino como un lugar lleno de posibilidades. Dios sigue obrando, incluso cuando no podemos verlo.
- Practica estar presente.
Cuando la vida se vuelve oscura o confusa, la invitación no es solo a hacer más o a resolver las cosas. Es una invitación a estar consciente, atenta. Darnos cuenta de que incluso aquí, Dios está presente. A menudo se le encuentra en los momentos tranquilos y cotidianos de la vida humana ya sea caminando al aire libre, lavando los trastes, respirando profundamente, tratando a los demás como si fueran Sus hijos.
Practicar estar presente es creer que la santidad no está allá afuera. Está aquí. Ahora.
- Mantén la tensión.
Los tres días que María y José buscaron a Jesús debieron parecerles interminables. Nosotras también podemos experimentar ese espacio de espera, aguardando la claridad. ¿Qué pasaría si en lugar de escapar de la tensión, la aceptáramos? Detrás de nuestra inquietud a menudo se esconde la revelación de nuestros miedos, deseos y suposiciones sobre Dios. Si estamos dispuestas a escuchar, incluso la incomodidad puede revelar la verdad.
- Vive tus preguntas.
Cuando Jesús se siente distante, surgen preguntas: ¿Por qué no puedo sentirte? ¿Sigues aquí? En lugar de acallar tus preguntas, llévalas a la oración.
La fe no se trata de tenerlo todo resuelto. Se trata de aprender a vivir dentro del misterio, confiando en que la claridad se revela lentamente, un momento a la vez.
- Deja que la incertidumbre se convierta en tu maestra.
Las Escrituras están repletas de personas que se encontraron con Dios en medio de la incertidumbre: Moisés en la montaña, Elías en la cueva, María ante la tumba vacía. Cada momento de desorientación se convirtió en una invitación a un encuentro más profundo con Él.
Lo desconocido puede convertirse tanto en maestro como refugio. Un lugar donde aprendemos a escuchar de manera distinta y descubrimos que estamos protegidas, incluso aquí.
Aunque nos parezca que Dios se ha ido, Él no está perdido. Y nosotras tampoco.
