Plantar semillas pequeñas que dan frutos grandes.
A veces es fácil pasar por alto pequeñas oportunidades para ayudar a los demás porque no creemos que marcarán una diferencia real. ¿Verdad? Pequeños actos de bondad, oportunidades para ayudar a otra persona, se nos escapan si no prestamos atención.
Por más insignificantes que parezcan estas cosas, creo que sí importarán cuando lleguemos al cielo. De hecho creo que nos sorprenderá aquello que realmente importó. Lo que de verdad cambió el mundo, cumplió los propósitos de Dios. Imagino que los lugares pequeños donde estuvimos presentes y servimos con obediencia inspirarán a Jesús a decir: ¡Bien hecho! ¿Recuerdas cuando te tomaste el tiempo para compartir palabras de aliento con alguien que las necesitaba? Ese día ayudaste a cambiar el mundo.
Eso es lo que veo en Mateo 13:31-32:
… «El reino de los cielos es como una semilla de mostaza que un hombre sembró en su campo. Aunque es la más pequeña de todas las semillas, cuando crece es la más grande de las plantas del huerto. Se convierte en árbol, de modo que vienen las aves y anidan en sus ramas».
Me repito constantemente esta naturaleza paradójica de Dios.
Dios tiene la costumbre de tomar aquello que hace que nos sintamos inferiores y lo usa para cosas grandes. Y también ocurre lo contrario: aquello que nos hace sentir superiores a los demás en realidad no produce nada significativo. Parece que para Él, lo pequeño es grande y lo grande es pequeño. Los aplausos de la multitud no significan mucho. La conversación sencilla en la que ayudamos a alguien lo es todo.
Cientos o miles de seguidores en las redes sociales no tienen la gran influencia que creemos. Ser amable y considerada con el empleado del supermercado tiene un impacto mucho mayor del que imaginamos. Una donación hecha con un corazón puro y generoso es un regalo inmenso para el Reino. Por otro lado, un millón de dólares dado con intenciones ocultas y un afán de reconocimiento es insignificante.
Dios tiene la capacidad hermosa y poderosa de tomar lo poco que le ofrecemos en obediencia y magnificarlo para Su gloria de manera grandiosa.
También sé que cuando nos sentimos invisibles, no escuchadas e ignoradas, puede ser increíblemente difícil animar a los demás. Pero sin importar lo que estemos enfrentando, tenemos la oportunidad de no pasar por alto las pequeñas oportunidades, del tamaño de una semilla de mostaza, donde podemos invertir en otros en el cielo, hoy mismo.
Intenta lo siguiente conmigo:
- Si te sientes invisible, ayuda a una persona a sentirse vista recordándole hoy lo hermosa y talentosa que es.
- Si te sientes no escuchada, ayuda a una persona a sentirse escuchada, brindándole tu presencia. Escúchala cuando te hable y pidele a Dios en oración cómo puedes animarla.
- Si sientes que nadie te reconoce, ayuda a una persona a sentirse reconocida al honrar las pequeñas maravillas que hace cada día.
¿Por qué? Porque al aliviar el dolor ajeno, veremos cómo se alivia maravillosamente el nuestro. El dolor invisible. El dolor inaudible. El dolor inadvertido. Queremos vivir en un mundo mejor, ¿verdad? Entonces, tomemos hoy la decisión de contribuir a mejorarlo. Llevemos el cielo a la tierra con nuestras palabras de amor y los momentos que cultivamos.
No tiene que ser algo grandioso para ser significativo. Podemos estar presentes, escuchar y brindar apoyo. Podemos orar. No tenemos que presionar, demostrar ni ganar nada. Podemos planear algo alegre. Podemos planear momentos que importen. Podemos planear hacer algo por otra persona que simplemente sea bondadoso y honre a Dios.
Así que comencemos con las personas que tenemos frente a nosotras hoy. Y veamos cómo Dios transforma algo pequeño en algo grande y hermoso en Su tiempo.
por LYSA TERKEURST
