Dejemos que Dios nos guíe este año.
Todos, a excepción mía, parecían tenerlo todo resuelto. Mientras navegaba por mis redes sociales y leía sobre los logros de fin de año de mis amistades, pensaba, me alegra simplemente haber llegado a la meta. Logré terminar diciembre, pero en lugar de sentir emoción por el nuevo año, me sentía agotada.
Durante los últimos meses, mi lista de compromisos con el trabajo, la familia y el ministerio había crecido. «No» era una palabra que casi nunca decía. Aunque algunas cargas adicionales eran necesarias, otras no lo eran. El correr constantemente me llevó a una ansiedad leve y constante mientras me retrasaba en mis responsabilidades. El gozo que antes sentía se había esfumado.
Sabía que algo tenía que cambiar y que necesitaba llevar mis inquietudes delante de Dios. Pero me preguntaba, ¿se decepcionará de mí?.
Una mañana, intenté calmar mi mente acelerada y quedarme quieta. Entonces sentí una convicción en mi espíritu. Dios nunca te pidió que hicieras todas estas cosas.
En medio de mi naturaleza complaciente, olvidé que la vida funciona mejor cuando acudo primero a Dios. Estaba agregando más a mi agenda sin buscarlo a Él, pero Él siempre me invita a venir delante de Él con todo lo que tengo. Él me guía, tanto en mi «sí» como en mi «no», para hacer espacio para lo mejor que Él tiene para mí.
Él hace lo mismo por ti. Tal como nos recuerda el versículo clave de hoy, «Del hombre son los planes del corazón, pero del SEÑOR es la respuesta de la lengua» (Proverbios 16:1).
Muchas veces permito que las expectativas de los demás me guíen en lugar de Dios. ¿Qué pensará esta persona? ¿Se ofenderá si le digo «no»? Me digo a mí misma que Dios quiere que haga el bien, lo cual es verdad. Sin embargo, Proverbios 16:2 también dice, «El hombre piensa que es justo lo que él hace, pero el SEÑOR juzga los motivos» (NBV).
¿Cómo sería rendir verdaderamente nuestros planes y motivos delante del Señor? ¿En qué resultaría invitarlo a cada decisión, grande o pequeña? Creo que cambiaríamos nuestra ansiedad por más paz y gozo. En lugar de ser motivadas por el temor a los demás, seríamos guiadas por el Espíritu de la Verdad de Dios.
Aquí hay algunas preguntas honestas para guiarnos:
- Dios, ¿hay alguna área de mi vida en la que me estoy dejando llevar por complacer a otros en lugar de por Ti?
- ¿Cuáles obras tienes para mí que quieres que realice hoy Dios?
- ¿Quieres que me despoje de algo?
Amiga, Dios ama cuando le servimos a Él y a los demás. Pero Él también desea que sirvamos con cuerpos, mentes y corazones saludables. Vayamos a Él primero con nuestros planes. Nuestra «yo» del futuro nos lo agradecerá.
