El calendario cambia, pero Cristo no.
Aquí vamos de nuevo… otro enero.
Regresé a mi trabajo sin futuro después de las vacaciones, pesando 10 libras de más (sin embargo, los macarrones con queso de mi mamá valieron la pena). Me sentía estancada y sola en una ciudad donde las amistades parecían cambiar con más rápidez que las estaciones. Todavía estaba procesando el dolor silencioso del duelo. Algunas personas se fueron demasiado pronto y otras simplemente se marcharon de mi vida sin explicación.
Las celebraciones navideñas habían terminado. El brillo se había desvanecido. Mientras estaba sentada en mi escritorio, mirando la pantalla de la computadora que apenas abastecía para pagar mis cuentas, no estaba pensando en resoluciones ni metas. Estaba pensando en todo lo que había cambiado en el año pasado, lo atrasada que me sentía y lo mucho que no me gustaba.
El cambio puede ser hermoso, pero también puede sentirse brutal. A veces, enero no se siente como un nuevo comienzo. Se siente como un recordatorio de que el tiempo sigue su curso, estemos preparadas o no.
Pero esto es lo que he aprendido desde ese enero tranquilo y solitario: mientras que la vida cambia constantemente, Cristo nunca cambia.
Cuando las amistades se alejan, Él permanece cerca.
Cuando los planes se desmoronan, Él permanece soberano.
Cuando el mundo se siente desconocido debido al dolor o la decepción, Él sigue siendo Dios.
Hebreos 13:8 nos recuerda, «Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por siempre».
Incluso cuando todo lo que nos rodea cambia, todavía tenemos una base estable. Él no va y viene con las estaciones. Él no cambia de opinión cuando otros sí. Su bondad, Sus promesas y Su presencia permanecen.
Entonces, si este año nuevo ya se siente incierto, recuerda: Dios no está paseando por los suelos del cielo preguntándose qué hacer a continuación. Él tiene el control total y te guía por completo. No es tu trabajo entender por qué las cosas se ven como se ven, pero puedes esperar que Dios use tus circunstancias actuales para guiarte a Su bondad. Él sigue siendo el mismo Salvador que te guió el año pasado, y Él te guiará este año también.
Cuando dependemos de Él a través de los cambios de la vida, podemos experimentar crecimiento. El cambio no se trata solo de alejarnos de lo que fue; se trata de lo que Dios nos depara en el futuro.
Ahora puedo mirar hacia atrás en mi vida me doy cuenta de que mi trabajo sin futuro en realidad terminó meses después, pero eso me llevó a algo nuevo. Las amistades que se alejaron dejaron espacio para aquellas que cambiarían mi vida. Nunca hubo motivo para temer a lo desconocido porque Dios ya estaba allí, guiándome hacia lo mejor que tenía para mí.
Solo desearía poder volver atrás y decirle a mi yo más joven: no necesitas temer un futuro en el que Dios ya está presente. Dios te está refinando.
Permanezcamos cerca de Aquel que nunca cambia, incluso cuando todo lo demás sí cambia. No te resientas por el crecimiento ni el cambio. Espera que Dios se manifieste en ello.
