Paz en la batalla del querer.
Nunca he entendido el concepto de ir a tiendas para ver y no comprar nada. No parece algo divertido ir a tu tienda favorita, ver las cosas que te encantan y después irte. Cuando veo algo que me gusta, mi impulso natural es conseguirlo. Digo, esto es algo humano, ¿no?
No te sorprendería descubrir que un patrón humano similar de «ver, desear y tomar» aparece en varias partes cruciales de la Biblia, la primera de ellas en el jardín del Edén.
Génesis 3:6 dice: «La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que era atractivo a la vista y era deseable para adquirir sabiduría; así que tomó de su fruto y comió» (énfasis agregado).
Génesis 3 contiene las primeras tres rebeliones significativas en las Escrituras (las cuales continúan en Génesis 6 y Génesis 11), que involucran tanto a la humanidad como al reino espiritual. Esto es batalla espiritual: el enemigo quiere tentarnos a pensar, sentir y hacer cosas que son contrarias a los caminos de Dios. El enemigo quiere que veamos, deseemos y tomemos, pero Dios quiere que disfrutemos de la libertad y la bondad de Su creación.
Para disfrutar de esa libertad, necesitamos límites. En el jardín del Edén, Dios le dijo a Adán y Eva que podían comer de todos los árboles excepto uno: el árbol del conocimiento del bien y del mal, lo cual traería la muerte. Después la serpiente sugirió que el mandato de Dios consistía en negarles algo bueno. Les dijo que si se comían del fruto, serían realmente como Dios, lo cual es absurdo porque ya habían sido creados a Su imagen.
La parte más difícil de la batalla espiritual es cuando el enemigo nos presenta cosas que suenan verdaderas pero que sutilmente nos invitan a confiar en nosotros mismos en lugar de confiar en Dios.
Está bien ver cosas. Está bien desear cosas. Pero lo que hacemos después de desear es lo que más importa. La serpiente sugiere que veamos, deseemos y tomemos. Pero Dios quiere que veamos, deseemos y después sometamos ese deseo a Su soberanía. En esta sumisión encontramos victoria porque si Dios quiere eso para nosotros, Él nos lo dará en Su tiempo perfecto.
La batalla espiritual más significativa toma lugar en nuestros corazones. En lo que sea que tengamos puesta nuestra mirada, en lo que sea que deseemos hoy, tenemos una opción. Podemos intentar tomarlo con nuestras propias fuerzas, o podemos aprender a someterlo al Señor y confiarle el resultado.
Si quieres experimentar la victoria de Cristo en la batalla espiritual, elige la sumisión a la soberanía de Dios, y ¡disfruta de la paz que viene con tu elección sabia!
por DR. JOEL MUDDAMALLE
