Solo porque lo dijeron no significa que sea verdad.
No suelo ver programas de telerrealidad, pero hace años me topé con un programa de citas y me quedé incrédula.
Tres parejas se conocieron en la más absoluta oscuridad. Rieron, hablaron y se conectaron, y parecían gustarse de verdad.
Pero entonces llegó la gran revelación. Cada pareja se dividió en habitaciones separadas con un espejo de doble cara en el medio. La mujer solo podía ver su reflejo, pero el hombre podía ver a través del cristal. Luego, un foco iluminó a cada mujer durante unos segundos.
Los hombres se reunieron y comentaron sus impresiones, señalando cada imperfección que habían notado en la figura, la ropa y los rasgos faciales de sus parejas. Hablaban como si sus opiniones superficiales fueran realidades.
Me imaginé cómo se debieron sentir esas mujeres. Momentos antes,fueron apreciadas por su personalidad. Ahora las evaluaban con una mirada rápida y criterios superficiales. Seguramente, sus mentes estaban llenas de preguntas.
¿Soy lo suficientemente bonita? ¿Le gustó quién soy verdaderamente? ¿Me elegirá? ¿Soy suficiente… ?
Anhelaba decirle a cada mujer, sólo porque lo dijeron no significa que sea verdad.
El mundo tiene la costumbre de establecer estándares imposibles y susurrar que nuestro valor depende de nuestra apariencia, lo que hacemos y cómo nos comparamos con los demás. Pero el Salmo 139 nos recuerda que nuestro valor no lo determina la opinión pública, sino Dios mismo.
Dios formó cada parte de quienes somos, por dentro y por fuera, con intencionalidad y cuidado. «Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre… soy una creación admirable…» (Salmo 139:13-14, NVI).
La crítica de otros no reescribe Su obra. Las palabras y opiniones ajenas no son la vara de medir.
Recientemente, recordé esta verdad en mi propia vida cuando alguien me comparó con otros de una manera que me hizo sentir inferior. Sentí que su comprensión de mí se basaba en las palabras, opiniones y suposiciones de otros, en lugar de basarse en mis capacidades y mi corazón auténtico.
Me dolió mucho. Por un momento, casi les creí.
Pero el Salmo 139 me devolvió a la realidad. La obra de mi Creador es indiscutible. Fui creada a propósito, con un propósito y nadie puede definir mi valor excepto Él.
Si no tenemos cuidado, podemos cargar con los comentarios o juicios ligeros de la gente como si fueran un lastre, permitiendo que nos definan de maneras que Dios nunca quiso. Pero lo cierto es que las opiniones son efímeras. Su Palabra es eterna.
Fuiste creada intencional y maravillosamente por el Creador del universo, y nada de lo que diga otra persona puede cambiar eso. Así que, cuando sientas la punzada de la crítica o la comparación, levanta la cabeza y recuerda que tu valor ya está fijado.
Aquel que te tejió te ha declarado valiosa, y Suya es la única opinión que resistirá la prueba del tiempo.
por TRACIE MILES
